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ARTE MODERNO EN PORTUGAL. MUSEU NACIONAL DE ARTE CONTEMPORÁNEA – MUSEU DO CHIADO

Fundación Carlos de Amberes (Madrid) hasta Diciembre 2007
Museo de Bellas Artes de Badajoz Diciembre 2007-Enero 2008

El Museu Nacional de Arte Contemporánea – Museu Do Chiado de Lisboa reúne en sus fondos una de las más importantes colecciones de arte portugués del siglo XX, recorriendo en sus obras la amplia variedad de expresiones formales que, en lo artístico, se manifestaron en aquella época. En 1994 pasó por una remodelación que puso el acento en ampliar sus fondos con obras contemporáneas o posteriores a la década de los 50.

Esta muestra, expuesta con anterioridad en Salamanca, reúne en 47 obras parte de la más destacada producción que hizo evolucionar el arte en Portugal desde las vanguardistas hasta las tendencias estéticas modernas. Para ello se basa principalmente en la pintura, aunque también aparecen piezas escultóricas como las de Francisco Franco (Busto de polaca, Torso de mujer, Gil), Ernesto Canto da Maia o el “Retrato de R.O” en terracota policromada de Hein Semke.

La utilización de otros soportes o materiales encuentra como máximo representante (por número de obras recogidas) a José de Almada Negreiros, con unas creaciones que se centran en dibujos mediante grafito y el carboncillo consiguiendo representaciones tan destacadas como “La siesta”, “La lectura” o “Muchacha apoyada en la mesa” y siendo el principal exponente de la renovación formal de los años veinte basada en referencia a la organización volumétrica de Cezanne y el Picasso clasicista, según los organizadores. De esa época, y en los mismos postulados, pueden verse también obras de Abel Manta, Antonio Soares, Carlos Botelho, Dordio Gomes y Eduardo Viana (con cuadros tan llamativos como “Posada de gitanos” o “Desnudo”).

El otro pintor que más aparece en la exposición es Amadeo de Souza-Cardoso, carácter principal de la explosión vanguardista en Portugal en los años diez, entre sus obras cuatro representaciones de cabezas y dos de visiones sobre Cafés de París. Junto a él, en aquellos primeros años, aparecen obras de Cruz Cristiano y Guilherme Santa-Rita (ligado al futurismo).

Los años treinta, y en adelante, se muestran con la pintura que parte del expresionismo y la Nueva Objetividad, como son “Baile en el Barrio”, “Niño y vendedora de pescado”, “El poeta y el ángel” de Mário Eloy, la tinta china sobre papel de Bernardo Marqués (“Parque Meyer”, “Sin título (Parador)”), Antonio Pedro (que introdujo el surrealismo y el puntillismo y de quien podemos ver “Abstracciones geométricas” o “Danza del corro (Sabbat)”) y Maria Elena Vieira de Silva, que en esos años sentó las bases de su investigación sobre el espacio (“Los columpios”).