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El Museu Nacional
de Arte Contemporánea
– Museu Do Chiado de Lisboa
reúne en sus fondos una
de las más importantes
colecciones de arte portugués
del siglo XX, recorriendo en
sus obras la amplia variedad
de expresiones formales que,
en lo artístico, se manifestaron
en aquella época. En
1994 pasó por una remodelación
que puso el acento en ampliar
sus fondos con obras contemporáneas
o posteriores a la década
de los 50.
Esta muestra,
expuesta con anterioridad en
Salamanca, reúne en 47
obras parte de la más
destacada producción
que hizo evolucionar el arte
en Portugal desde las vanguardistas
hasta las tendencias estéticas
modernas. Para ello se basa
principalmente en la pintura,
aunque también aparecen
piezas escultóricas como
las de Francisco Franco (Busto
de polaca, Torso de mujer, Gil),
Ernesto Canto da Maia o el “Retrato
de R.O” en terracota policromada
de Hein Semke.
La utilización
de otros soportes o materiales
encuentra como máximo
representante (por número
de obras recogidas) a José
de Almada Negreiros, con unas
creaciones que se centran en
dibujos mediante grafito y el
carboncillo consiguiendo representaciones
tan destacadas como “La
siesta”, “La lectura”
o “Muchacha apoyada en
la mesa” y siendo el principal
exponente de la renovación
formal de los años veinte
basada en referencia a la organización
volumétrica de Cezanne
y el Picasso clasicista, según
los organizadores. De esa época,
y en los mismos postulados,
pueden verse también
obras de Abel Manta, Antonio
Soares, Carlos Botelho, Dordio
Gomes y Eduardo Viana (con cuadros
tan llamativos como “Posada
de gitanos” o “Desnudo”).
El otro pintor
que más aparece en la
exposición es Amadeo
de Souza-Cardoso, carácter
principal de la explosión
vanguardista en Portugal en
los años diez, entre
sus obras cuatro representaciones
de cabezas y dos de visiones
sobre Cafés de París.
Junto a él, en aquellos
primeros años, aparecen
obras de Cruz Cristiano y Guilherme
Santa-Rita (ligado al futurismo).
Los años
treinta, y en adelante, se muestran
con la pintura que parte del
expresionismo y la Nueva Objetividad,
como son “Baile en el
Barrio”, “Niño
y vendedora de pescado”,
“El poeta y el ángel”
de Mário Eloy, la tinta
china sobre papel de Bernardo
Marqués (“Parque
Meyer”, “Sin título
(Parador)”), Antonio Pedro
(que introdujo el surrealismo
y el puntillismo y de quien
podemos ver “Abstracciones
geométricas” o
“Danza del corro (Sabbat)”)
y Maria Elena Vieira de Silva,
que en esos años sentó
las bases de su investigación
sobre el espacio (“Los
columpios”).
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