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En las difusas
líneas que dibuja actualmente
la contemporaneidad los caminos
del arte moderno y el diseño
útil o destinado a productos
dirigidos a ser utilizados por
un público masivo se
han cruzado durante el último
siglo y lo seguirán haciendo
en años venideros. La
idea de Javier Mariscal consistente
en que el diseño está
"en todas las cosas. A
través del hallazgo de
nuevas formas y funciones transforma
y mejora nuestra vida cotidiana.
Cuando usamos las cosas bien
diseñadas sentimos que
avanzamos y que vivimos el mundo
contemporáneo" pretende
ser ilustrada con esta exposición
donde se recogen cincuenta objetos
absolutamente reconocibles (en
su mayor parte) tanto en el
momento de su aparición
(en un periodo que abarca desde
1890 hasta 2006) como en la
actualidad.
Algunos de
ellos tienen una inspiración
directamente venida de facetas
como la arquitectura: el jarrón
Savoy de Alvar Aalto, la cubertería
Caccia de los italianos Luigi
Caccia, Livio y Pier Jacomo
Castiglioni, la lámpara
de techo de Josep Antoni Coderch
y la grifería Vola (Arne
Jacobsen). Otros de una idea
de expresión que buscaba
aproximarse a lo artístico,
tal es el caso de las portadas
de jazz diseñadas por
Jim Flora y Alex Steinweiss
o la silla Plastic Side Chair
de Charles y Ray Eames. La cámara
Polaroid fue un medio esencial
en el pop-art de Helmut Newton
o Andy Warhol y la iconografía
de Saul Steinberg en la portada
de The New Yorker enseña
una idea personal sobre cómo
reflejar la realidad, algo siempre
buscado por cualquier creador.
El resto de objetos expuestos,
tales como unos pantalones Levi´s,
una batidora Turmix, la motocicleta
Vespa, una cafetera Moka, las
Ray-Ban Aviator, una guitarra
Fender Stratocaster, desechables
Bic, la camiseta I Love NY,
varios compact disc, ordenador
Mac e Ipod o un teléfono
móvil entrarían
con una agria discusión
en el concepto de aquello entendido
por "artístico"
y, probablemente, desde nuestro
punto de vista no superarían
la criba. Sin embargo, no se
les puede negar una cualidad
que cualquier gran obra tiene:
la de permanecer como una imagen
única e identificable
a todas luces a pesar del paso
del tiempo.
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