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CAS OORTHUYS “MADRID, MAYO 1955”

 

Tres Cantos, hasta el 8 de Octubre.
Arganda del Rey, 9 de octubre a 25 de octubre.
Brunete, 26 de octubre a 13 de noviembre.
El Álamo, 14 de noviembre a 30 de noviembre.
Humanes, 3 de diciembre a 19 de diciembre.

El fotógrafo holandés Caas Oorthuys, nacido en el año 1908, fue una importante influencia en la fotografía documental. Sin embargo, su entrada en este mundo vino como consecuencia de ser obligado a dejar su trabajo como arquitecto del ayuntamiento de Ámsterdam a principios de los años treinta, a consecuencia de la crisis económica a nivel mundial. Su obra pasa por una época de compromiso y del uso de la misma con intencionalidad política. Sin embargo, evolucionó hasta adquirir una visión próxima a la crónica. Fruto de esa trayectoria en la década de los cuarenta comenzó una serie de reportajes sobre la vida cotidiana en Europa (centrándose en distintos países) tras la segunda guerra mundial. Esas instantáneas eran recogidas por la editorial Contact y publicadas en guías fotográficas de bolsillo.

Las 29 fotos recogidas en esta exposición ilustraban parte de la guía “Hart Van Spanje” (El corazón de España) con imágenes de Toledo, Ávila, Segovia, Alcalá de Henares, Aranjuez o La Granja y comentarios del poeta Bert Schierbeek, que acompañó a Oorthuys en su viaje. Pertenecientes al Museo de la Fotografía de los Países Bajos, la muestra que se ofrece al espectador incluye fotografías en blanco y negro, que el fotógrafo consideraba que eran y serían los colores de su generación, de Madrid en fiestas de San Isidro desde que comienza el día hasta que la luz desaparece de las calles. Así pues, tenemos un perfecto retrato de la época y la ciudad paseando por lugares tan conocidos para los madrileños como la calle Arenal, Preciados, Puerta del Sol y Plaza Mayor, la Plaza del Dos de Mayo, el parque del Retiro, Callao o lugares característicos de aquellos años como el Teatro Madrid en plena actuación de Concha Piquer y una pareja bailando en el Pasapoga.

Pero a pesar de la entidad de los diferentes sitios la presencia de la gente es la que otorga valor a las estampas, convirtiéndose en algunas ocasiones en retratos de grupo o individuales, reflejando actitudes y personalidades junto al momento histórico en que se inscriben. Así podemos contemplarlo en las copias que fueron realizadas en Alcalá de Henares, donde los niños y las señoritas reflejan un contraste de pareceres.