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Tres Cantos,
hasta el 8 de Octubre.
Arganda del Rey, 9 de octubre
a 25 de octubre.
Brunete, 26 de octubre a 13
de noviembre.
El Álamo, 14 de noviembre
a 30 de noviembre.
Humanes, 3 de diciembre a 19
de diciembre.
El fotógrafo
holandés Caas Oorthuys,
nacido en el año 1908,
fue una importante influencia
en la fotografía documental.
Sin embargo, su entrada en este
mundo vino como consecuencia
de ser obligado a dejar su trabajo
como arquitecto del ayuntamiento
de Ámsterdam a principios
de los años treinta,
a consecuencia de la crisis
económica a nivel mundial.
Su obra pasa por una época
de compromiso y del uso de la
misma con intencionalidad política.
Sin embargo, evolucionó
hasta adquirir una visión
próxima a la crónica.
Fruto de esa trayectoria en
la década de los cuarenta
comenzó una serie de
reportajes sobre la vida cotidiana
en Europa (centrándose
en distintos países)
tras la segunda guerra mundial.
Esas instantáneas eran
recogidas por la editorial Contact
y publicadas en guías
fotográficas de bolsillo.
Las 29 fotos
recogidas en esta exposición
ilustraban parte de la guía
“Hart Van Spanje”
(El corazón de España)
con imágenes de Toledo,
Ávila, Segovia, Alcalá
de Henares, Aranjuez o La Granja
y comentarios del poeta Bert
Schierbeek, que acompañó
a Oorthuys en su viaje. Pertenecientes
al Museo de la Fotografía
de los Países Bajos,
la muestra que se ofrece al
espectador incluye fotografías
en blanco y negro, que el fotógrafo
consideraba que eran y serían
los colores de su generación,
de Madrid en fiestas de San
Isidro desde que comienza el
día hasta que la luz
desaparece de las calles. Así
pues, tenemos un perfecto retrato
de la época y la ciudad
paseando por lugares tan conocidos
para los madrileños como
la calle Arenal, Preciados,
Puerta del Sol y Plaza Mayor,
la Plaza del Dos de Mayo, el
parque del Retiro, Callao o
lugares característicos
de aquellos años como
el Teatro Madrid en plena actuación
de Concha Piquer y una pareja
bailando en el Pasapoga.
Pero a pesar
de la entidad de los diferentes
sitios la presencia de la gente
es la que otorga valor a las
estampas, convirtiéndose
en algunas ocasiones en retratos
de grupo o individuales, reflejando
actitudes y personalidades junto
al momento histórico
en que se inscriben. Así
podemos contemplarlo en las
copias que fueron realizadas
en Alcalá de Henares,
donde los niños y las
señoritas reflejan un
contraste de pareceres.
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