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El arte alemán
de los últimos años
del siglo XV y hasta la mitad
del siglo XVI tiene en Alberto
Durero (1471-1528) y Lucas Cranach
el Viejo (1472-1553) a dos de
sus máximos exponentes.
Centrándose en ambas
figuras el Museo Thyssen-Bornemisza
y la Fundación Caja Madrid
organizan ésta muestra
con el objetivo de proponer
un punto de vista global sobre
la época, no sólo
en lo artístico, sino
también en lo político,
social o religioso que tenía
lugar en aquel momento y espacio.
Así, la idea es destacar
diferentes perspectivas al plasmar
los hechos en cada obra: lo
real frente al drama que supone
el mundo.
Durero es el
protagonista indiscutible de
ésta primera parte titulada
"Los artistas y su mundo"
compuesta por 111 obras de museos
y fondos estatales (El Prado,
Biblioteca Nacional, Monasterio
de San Lorenzo del Escorial,
los propios fondos de la pinacoteca...)
y mundiales como la National
Gallery (Londres), Rijksmuseum
Rijkspretendenkainet (Amsterdam),
la Colección del Barón
Edmund de Rothschild, Départment
des Arts Graphiques del Museo
del Louvre, Germanisches Nationalmuseum
(Nuremberg), Kunsthisterisches
Museum Kunstkammer (Viena),
Albertina (Viena) o el Staatliche
Museen, Gemäldegalerie
(Berlín). Su objetivo
es enseñar cuales eran
las cuestiones que preocupaban
a los artistas de aquel momento:
cómo se veían
y concebían el mundo,
su situación profesional,
religión, intenciones
o nuevos recursos como la imprenta.
Till-Horger
Borchert sitúa su nacimiento
en la ciudad Imperial Libre
de Nuremberg dentro de una familia
de origen húngaro, esta
metropoli era uno de los centros
fundamentales de su país
en aquella época. Allí
formó parte de los humanistas
que buscaban fomentar el conocimiento
y la práctica de la cultura
grecoromana (desde profesores
o clérigos a escritores
o abogados) con los que entró
en contacto a través
de la industria de la imprenta.
De hecho, el interés
por los libros y su edición
es fundamental en el artista,
al igual que la influencia de
su progenitor, que trabajaba
de orfebre. Así podemos
comprobarlo con la medalla conmemorativa
de la ciudad de Nuremberg a
Carlos V por Hans Kraft, el
Viejo, o la copa coronada por
una mujer en un pozo de Ludwig
Krug, el Joven, también
con la xilografía en
fibra del propio Durero que
representa el "Gran Carro
Triunfal de Maximiliano I"
o la "Vista de Nuremberg"
con el mismo material de Hartmann
Schedel, con grabados de Michel
Wolgemut y Wilhelm Pleyden Wurff.
Sin embargo,
la propia concepción
de si mismo como artista no
era compartida en la urbe y,
según cuenta Juan Luis
González García,
la ayuda y el ánimo de
intelectuales cercanos como
Conrad Celtis y Willibald Pirckheimer
le sirvió para emprender
dos viajes de formación
a Italia, interesándose
ya en el segundo por la técnica
veneciana con la ayuda de su
amigo Giovanni Bellini, de quien
podemos contemplar "Virgen
con el niño de pie bendiciendo"
o "Virgen con el niño
entre San Pablo y San Jorge".
Dicha iconografía es
importantísima en el
germano, incluyéndose
dos ejemplos, uno de ellos la
"Madonna Haller",
asimismo el paisaje ("Lot
y sus hijas"), "María
con el niño en un paisaje")
y en su segundo viaje la representación
de la anatomía de los
cuerpos ("Jinete húngaro",
"Santa Catalina vestida
de veneciana"). Allí
alcanzó un status merecido
como apunta Dagman Eichberger
que dijo en una carta: "Oh,
cómo echaré de
menos el sol cuando me hiele.
Aquí soy un señor,
en mi tierra un parásito".
Ese tipo de
reflexiones en torno a sí
mismo y lo que le rodeaba son
temas de preocupación
para él. Su propia imagen
espiritual llamada "Melancolía
I" es un claro ejemplo
de ello. Al igual que "Melancolía"
de Lucas Cranach el Viejo en
otra perspectiva llena de simbolismos
y metáforas. Su propia
imagen aparece mostrada en varios
autorretratos de distintas etapas
de su vida, destacando el de
óleo sobre tabla realizado
en 1498. No podemos pasar por
alto otros dos excelentes buriles
que acompañan a "Melancolía
I", como son "El caballero,
la muerte y el diablo"
y "San Jerónimo
en su celda".
La visión
de este hombre, que llegó
a ser nombrado Genannter vitalicio,
miembro del Gran Consejo de
su ciudad natal (situándole
así entre los ciudadanos
más importantes) según
señala David H.Price,
se mueve en torno a un modelo
idealizado frente a modelos
realistas o sexuales, con alusiones
a la salvaje y ensimismamiento
con la brujería. Sin
embargo, en algún momento
cayó en esa temática,
como demuestran "Cuatro
mujeres desnudas o Las cuatro
brujas" y "El monstruo
marino". Aunque es mucho
mayor la representación
de su contemporáneo Lucas
Cranach el Viejo ("El juicio
de Paris", "Ninfa
tumbada", "Hércules
y Anteo" o el bello óleo
"Sansón y Dalila".
Junto a éste último
obras de Hans Baldung (Grien)
("Dos brujas"), Albrecht
Altdorfer ("Familia de
sátiros" o Wolf
Huber con el carboncillo y realces
de albayalde "Dos mujeres
desnudas y cabeza de anciano"
representan esa corriente. Estos
mismos pintores profundizaron
en temas como lo grotesco, desagradable
o el paso del tiempo y la vejez.
En el primer grupo podemos ver
"Salomé o Judith
con la cabeza de Holofernes"
de Lucas Cranach el Viejo y
un reflejo inefable del segundo
en "Las edades y la muerte"
de Hans Baldung (Grien). Les
acompañan en la exposición
tres visiones sobre Adán
y Eva, las de Hans Wechlin y
otras de Grien y Cranach el
Viejo.
Su formación
humanista fue aquello que debió
aproximar a Durero el concepto
de lo científico en sus
obras, la pintura fue otra idea
presente. Desde el museo Thyssen
nos apuntan que su forma de
acercase a la naturaleza tiene
que ver con la "curiosidad"
renacentista y un reflejo real
del cuerpo humano, a pesar de
la fuerte influencia italiana,
que tendía a idealizar
los modelos. Sus trabajos sobre
la anatomía los tenemos
en "Cuatro libros de las
proporciones del cuerpo humano",
"De institutione geometricarum",
"El hombre de las ocho
cabezas de largo (recordemos
que ésta era la proporción
ideal según los clásicos),
la pintura aparece en las cuatro
xilografías a fibra de
dibujantes (retrato, laúd,
vasija y desnudo de mujer).
La naturaleza y su tratamiento
aparece con imágenes
de cuadrúpedos como son
"El pequeño caballo"
y "El gran caballo"
y las dos escenas de caballos
salvajes de Hans Baldung (Grien).
Esta idea sobre
la naturaleza es algo presente
en el renacentista germano ya
desde los dibujos y acuarelas
de Nuremberg y sus alrededores,
para él su plasmación
debía ser prácticamente
mimética, algo directo
y próximo a la realidad
de lo representado. Más
pintores siguieron dicho camino,
casis de Albrecht Altdorfer
("El entierro de cristo").
Sin embargo, la muestra profundiza
en imágenes de otros
seres vivos tanto desde el propio
Durero ("Lirio", "Mochuelo",
"Cigüeña",
"León" y "Leona"
o un "Rinoceronte"
que jamás llegó
a ver en su vida) como de otros,
vengan a colación el
Círculo de Lucas Cranach
el Viejo ("Pardilla muerta")
y Hans Hoffmann ("Ala de
ave"). Amén de algún
retrato de nuestro protagonista.
Precisamente
en el retrato creó Durero
una patente germánica
basada en la búsqueda
de las interioridades del retratado
(frente a la excelencia que
proclamaban los italianos).
Su culmen lo alcanzó
con el "Retrato de Johannes
Kleberger", además
de otros muchos recogidos, u
otros de creadores como Hans
Baldung (Grien) ("Retrato
de una mujer"), Hans Schäufelein
("Reatro de un clérigo",
Lucas Cranach el Viejo ("Retrato
de una dama con una manzana")
y el Joven ("Reatro de
una mujer").
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