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Hasta el día
11 de enero del 2004, se expone
en el Centro Cultural Círculo
de Lectores una selección
de los dibujos realizados por
Andrés Rábago,
El Roto, entre los años
2001 y 2002 y publicados en
el diario El País durante
estos años. La exposición
está formada por cuarenta
originales seleccionados por
Felipe Hernández, Cava
de entre los realizados por
El Roto en ese período.
En “El Libro de los Desórdenes”
publicado por Círculo
de Lectores se pueden ver ciento
sesenta de estos dibujos. En
el prólogo, escrito por
el filósofo José
Luis Pardo, podemos leer: “El
mundo de El Roto, como el de
todos los creadores, es una
esfera virtual que remenda,
deformados, algunos de los caracteres
del ordenamiento actual de la
realidad, en el bien entendido
de que no tenemos ninguna otra
posibilidad de imaginar nuestra
realidad (incluido el papel
que cada uno de nosotros desempeña
dentro de ella) que no pase
por esos espejos deformantes.
En esa esfera experimental podemos
leer, día tras día
y página tras página,
un inventario casi exhaustivo
de todas las astucias de las
que se sirve el miedo para envenenar
las relaciones de poder y sometimiento
y, en suma, de las que usa el
mal para contaminar”.
Dentro del
mediocre panorama actual del
humor gráfico español,
muchos dibujantes se inclinan
por la caricatura de personajes
públicos o se limitan
a ofrecernos dibujos donde bustos
repetitivos ofrecen un humor
más literario que gráfico
y en los que en numerosos dibujos
predomina un trazo precipitado,
descuidado y simple.
Frente a este
tipo de trabajos, El Roto, nos
ofrece una viñeta cada
día que nos sorprende
frente a la del anterior, unos
dibujos donde se observa una
voluntad de rigor, de ofrecer
al lector no el previsible dibujo,
que se adapta monótonamente
a cualquier tema, sino un dibujo
que va variando y adaptándonse
a lo tratado. Así, cambian
continuamente los encuadres,
los tamaños de los personajes
representados, los paisajes,
la forma de representación
de rostros, figuras...
De manera equivocada,
se suele adoptar como un lugar
común que el dibujo posee
una calidad inferior a la pintura,
que es una especie de género
menor frente a esta. No siendo
esto así en absoluto,
en el caso de El Roto, se aprecia
que cada viñeta está
elaborada con la complejidad
con la que se puede afrontar
una tarea de un supuesto esfuerzo
pictórico mayor, dotando
a sus dibujos de una gran elaboración.
No debe ser ajeno a esto su
trabajo como pintor, firmando
en esos casos como Andrés
Rábago. El mismo ha hablado
en ocasiones de la tradición
de pintores y dibujantes españoles
como Goya, Solana o Castelao,
o de otros países como
Daumier, Grosz o Ensor. También
habría que mencionar
la influencia del surrealismo
en sus formas de dibujar.
Su dibujo está
además al servicio de
la denuncia de esa capa grosera,
sucia, que cubre y envuelve
con propaganda la verdad de
los acontecimientos. Posee El
Roto la capacidad de exponernos
los mecanismos perversos mediante
los cuales el poder y los poderosos
ocultan y desfiguran la realidad.
Pero no sólo los poderosos
son denunciados. También
podemos vernos nosotros reflejados
en el espejo de sus viñetas.
En la miseria cultural e insolidaridad
que no es patrimonio del poder,
del miedo, del horror, sino
que se expande por toda una
sociedad, la occidental, que
no es capaz de mirar más
allá de su televiso,
de llegar más allá
de donde le conduce su coche
o de habitar otros territorios
que no sean los de su vivienda
blindada y con alarma.
Quizá
en la selección de los
dibujos expuestos y publicados
habría sido interesante
el recoger algunas viñetas
que se refirieran de una forma
más directa, menos abstracta,
a algunos de los acontecimientos
sobre los El Roto que ha dirigido
su atención en estos
últimos años.
Finalmente,
es de apreciar que en estos
últimos años,
Círculo de Lectores haya
publicado una serie de libros
de elaborada y cuidadosa presentación
de algunos de los más
destacados humoristas gráficos
españoles.
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