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¿Alguno
de nosotros no recuerda las
fabulosas naves espaciales de
la película Dune?
O aquellos
ríos subterráneos
donde los protagonistas de Viaje
al centro de la tierra arriesgaban
sus vidas?
¿A quién
no se le quedó grabada
en la memoria la entrada de
nuestra troupé española
en los grandes estudios UFA
de Berlín en La niña
de tus ojos?
Y quién
no se ha preguntado alguna vez
“¿cómo diablos
se hace eso?” viendo escenas
de películas que literalmente
te han dejado con la boca abierta?
Y no solo películas....
porque alguno de nosotros no
se ha quedado pegado a la pantalla
viendo el anuncio de Digital+,
donde la casa sale volando por
los aires cual El mago de Oz
se tratara, y aparecen por doquier
cientos y cientos de personajes
corriendo por desérticos
parajes hasta llegar hasta el
mismo punto donde la casa dejó
a sus habitantes alucinados?
Emilio Ruiz
es el responsable de todo esto
y mucho más.
¿Sorprendidos?
Ahora que los
efectos digitales están
tomando el relevo a lo puramente
artesanal, solemos dar por hecho
que cualquier cosa que nos alucine
en la pantalla es realizado
por ese medio y no por el truco
de toda la vida, ese de piedra,
pegamento y cartón.
La visita a
esta exposición nos abre
otras puertas y nos demuestra
que no siempre es económicamente
viable el despliegue digital
que ciertas escenas suponen,
y que con simples maquetas (sí,
sí, maquetas de piedra
y cartón) y mucho ingenio,
se pueden realizar cosas como
volar casas, navegar submarinos,
o convertir el popular barrio
de Estrecho en el corazón
del mismísimo París
(La buena vida -David Trueba-).
Emilio Ruiz
es un gran desconocido entre
el gran público, a pesar
de que no hay una sola persona
en este país que no haya
visto alguna película
o anuncio publicitario donde
él haya trabajado.
En cambio,
entre sus colegas de la profesión
este hombre es insustituible
a la hora de resolver emergencias
de producción porque
siempre está allí
con la idea justa para sacar
adelante un problema que parecía
insalvable.
Una de las
cosas más interesante
es conocer la cantidad de directores
distintos que han solicitado
sus servicios, directores cuyos
estilos podían llegar
a ser totalmente antagónicos
entre sí.
Enumerar las
películas donde él
ha trabajado nos ocuparía
tantos folios como párrafos
tiene este escrito, pero sería
injusto no dejar una idea clara
de la carrera profesional de
este hombre. Sería injusto
no reconocerle la labor en películas
como Bienvenido Mr Marshall
(Luis García Berlanga),
Tenemos 18 años (Jesús
Franco), Rey de reyes (Nicholas
Ray), Cleopatra (Josheph L.
Mankiewicz), Lawrence de Arabia
(David Lean), Doctor Zhivago
(Davis Lean), Operación
Ogro (Gillo Pontecorvo), Dune
(David Lynch), La niña
de tus ojos (Fernando Trueba),
Acción mutante (Älex
de la Iglesia) y Nadie conoce
a nadie (Mateo Gil), estas dos
últimas ganadoras de
un Goya por los efectos especiales,
y la actualmente nominada Soldados
de salamina de David Trueba.
Y no nos olvidemos
que todos sus trucajes son artesanales
de principio a fin. Maquetas,
dibujos, “cristales pintados”...
su calidad como artista es indudable,
sus bocetos, sus dibujos...
todo ello nos acerca a un artista-artesano
que él mismo corta las
maquetas que servirán
de decorado, que supervisa personalmente
cada plano, cada colocación
de la cámara, cada actor...
todo para que la cámara,
ese falso ojo, nos engañe
y nos haga ver como majestuosos,
barcos de apenas 2m de altura
y 50cm de ancho... (El embrujo
de Shangai -Fernando Trueba-)
Esta exposición
nos acerca un mundo que por
esencia esta vetado al espectador,
aquel que nos hace creer que
todo lo que ocurre en la pantalla
es “verdad”, que
no hay truco de por medio...
y que si lo hay, y nos damos
cuenta, no haya manera humana
de saber dónde está
el “engaño”
y cómo demonios se logró
hacer...
Un personaje
digno de ser recordado, no dejen
de ir a verla.
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