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EXPOSICONJUNTA

C/ Madre de Dios Nº23 -Málaga-

Como la pintura de una pena,
un rostro sin corazón.

Wilde. El retrato de Dorian Grey.
(Tomado de Hamlet).


Dejemos que un rostro sin corazón nos sirva de hilo conductor para adentrarnos en las propuestas artísticas que se han presentado en la Sede de la CGT de Málaga, desde el pasado mes de septiembre hasta finales de noviembre, en apoyo a la IV Asamblea del Foro Social Mediterráneo. Pinturas de Josenrique, poemas de Keko Galacho, fotografías de Arístides Landa han vestido las paredes de una arquitectura, hoy, completamente recuperada del paso del tiempo. Como acompañante de esta exposición conjunta, también la música ha tenido su lugar a cargo del grupo Doctor Desastre. Nos encontramos ante cuatro lenguajes expresivos que dialogan entre sí, partiendo de la idea de convertir un espacio funcional en espacio artístico abierto a la ciudad.

En la obra plástica de Josenrique, destacan la serie de Marionetas y Títeres. Con sus representaciones de marionetas nos situamos ante una evocación del misterio a través de la semejanza con lo real. Surge la tentación de interrogar a las imágenes que han perdido su voz, han perdido su alma, como el rostro sin corazón de Dorian Grey. El espectador es espectador de un escenario de títeres, pasa a formar parte de ese entramado, cae en la trampa de la ilusión de poder acceder a una historia. Sin embargo, las marionetas han dejado de actuar y han pasado a ser impenetrables, no es posible la manifestación de una interioridad. Se hace inaccesible el relato interior al estar ausente cualquier posibilidad de expresividad. Esta “inquietante extrañeza” supone una ruptura de la inmediatez con lo representado, donde estos objetos (objetos-sujetos) familiares se nos imponen con su reverso desconocido, cuando han dejado de tener “vida” y nos enfrentamos a su quietud perturbadora. Detrás de la máscara, queda sólo el vértigo ante la nada. Aunque no siempre es así: en esta galería de miradas inertes, nos encontramos con la representación de un títere que recupera su movimiento a través de la manipulación de una marioneta, marioneta que, a su vez, gana animación (gana su “alma”) con la mano del hombre. Ante está obra la inquietud provocada no está ya en el ámbito del extrañamiento ante lo conocido, sino en la falacia de la libertad de acción. Una manipulación en la que no participa el objeto-sujeto obligado a actuar movido por mecanismos que escapan a su control. De nuevo, se presenta como inmanente a estos objetos-sujetos la imposibilidad de acceder a tener corazón.

El universo pictórico de Josenrique no queda limitado a esta serie de Marionetas y Títeres. En su obra se re-conocen elementos de la obra de Picasso (incluso algunas de sus marionetas nos podrían recordar al artista), como puede ser el toro como tópico dramático de “lo español”. También, podemos encontrar otros guiños a lo característico de nuestra cultura como es la guitarra española que se presenta como telón de fondo en muchas de sus obras, alusiones a las Meninas-marionetas, caballeros que recuerdan al escudero Sancho e, incluso, la representación de un asno-máscara que podría formar parte de un capricho de Goya. Los bodegones barrocos se han transformado en rincones de buhardillas que aparecen como espacios de soledades pasadas.

Dos referencias claras entre sus obras: Hopper y Magritte. El aislamiento del individuo en la sociedad industrial del americano Hopper es reinterpretado presidiendo el panel central de la sala principal: nos situamos frente a la representación del anonimato, al ensimismamiento del individuo que una vez más se nos impone como un rostro sin corazón movido por el automatismo de la gran urbe. Las gabardinas que se abren al paisaje nos conducen a Magritte, adentrándonos en el campo de la semejanza, en lo real representado. Aparece la extrañeza ante lo inesperado al introducirse elementos que no coinciden con la idea que tenemos de la realidad y, sin embargo, se nos dan las pistas para establecer relaciones nuevas, mediadas por el autor.

El marcado carácter colorista de la obra de Josenrique se corresponde con el interesante trabajo del color de las fotografías de Arístides Landa. Un tratamiento del color que imprime a sus instantáneas un carácter irreal o suprarreal, situándonos ante la ficcionalidad de la obra artística a partir de elementos de la realidad. La serie de fotografías de este autor gozan de la frescura de la experimentación con diferentes técnicas que dan como resultado una obra variada y rica. En este recorrido, nos encontramos con una fotografía en la que el rostro sin corazón que nos ha acompañado hasta ahora se ha convertido en sombras sin corazón. Como en el mito platónico de la caverna, podríamos preguntarnos dónde está lo real: quizás en las sombras o en las figuras humanas veladas. Entre estas fotografías, tan sólo una anciana nos mira de frente (encontramos por fin un rostro con alma), nos cuestiona sobre una realidad social de un campesinado tantas veces olvidado.

El silencio de las imágenes contrasta con las palabras que acompañan a cada una de las obras, estableciendo puentes entre diferentes sensibilidades artísticas que dialogan entre sí. La poesía de Keko Galacho nos proporciona el alma que hasta ahora se nos había negado. Una poesía cargada de experiencia interior, donde la palabra toma toda su fuerza plástica a través de la imagen poética. Una de metáforas que guardan la ilusión de poder decir del mundo (interior-exterior). El espectador es invitado a buscar nexos entre pintura-fotografía y las palabras que nos propone Keko, relacionando lenguajes independientes y enriqueciendo su mirada.

Por último, la música de fondo de Doctor Desastre. Poesía y música, dos lenguajes melódicos que se unen en una serena combinación a través del saxo, guitarra, percusión, madera y voz. Ritmos de rock y blues sirven de acompañamiento en este paseo artístico, marcando el paso del visitante, creando una atmósfera de tranquilidad que nos facilita el encuentro con el resto de propuestas artísticas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mariola Aguilar Agudo