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Fortuny inició
su labor artística en
la ciudad de Reus, pero su prematura
orfandad le obligó a
trasladarse con su abuelo a
Barcelona, donde inició
su proceso de formación
que culminó con su educación
académica en la Escuela
de Bellas Artes de Barcelona.
La diputación
Provincial de Barcelona con
motivo de la guerra hispanomarroquí
envía a Fortuny en 1859
al escenario de la batalla con
el objetivo de llevar al lienzo
los momentos más importantes
de esta guerra.
Este paisaje
y esta atmósfera transforma
la paleta del pintor en unos
tonos más luminosos y
coloristas. Realizó también
numerosas acuarelas de temas
orientalistas.
Con su traslado
a Roma comienza la Pintura de
Género, con un lenguaje
meticuloso, y una representación
excepcional de la calidad matérica
de los objetos. Con esta pintura
inicia una práctica;
la de crear tres versiones de
una misma obra, destacando “El
coleccionista de estampas”,
reunidas por primera vez en
esta exposición.
Tras su estancia
en Roma marcha a Madrid, donde
realizó una serie de
pinturas y acuarelas de temática
taurina, a mi juicio las menos
llamativas o interesantes, aunque
de gran calidad técnica,
dentro de la extensa obra de
Fortuny. Será en este
momento cuando decide contraer
matrimonio con Cecilia Madrazo,
hija de su querido amigo Federico
de Madrazo., gracias a ello
tuvo
la oportunidad de ver en el
entorno de la familia Madrazo
obras de Goya, los cuales dejaron
una profunda huella en su obras
de este periodo.
Con su traslado
a París obtiene el éxito
comercial. Realiza una importante
exposición en 1870 que
le convertirá en uno
de los pintores más cotizados
del momento. Esta pintura de
género ambientada en
el XVIII encajaba perfectamente
con el gusto imperante de la
época.
Existe otra
faceta del pintor no tan conocida
pero igualmente brillante: Fortuny
Grabador.
Destaca la
influencia tanto temática
como estilística de Francisco
de Goya, aunque será
el grabado orientalista el que
destaque sobre el resto de su
producción.
Un nuevo lenguaje
artístico llega con su
estancia en Granada, la vida
al aire libre de Fortuny y su
familia en esta ciudad, el sol
radiante de cada día,
hacen que el pintor se centre
en representar escenas cotidianas
al aire libre inundadas de luz.
Roma y Portici
serán su última
etapa. Portici, era una ciudad
con iguales condiciones lumínicas
que Granada, por lo que su pintura
no sufre un gran cambio con
este traslado, si no simplemente
una evolución.
Su inesperada
muerte, trece días antes
de abandonar Portici, interrumpía
la carrera del mejor pintor
español del siglo XIX
después de Goya.
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