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El artista
catalán Joan Rebull a
través de sus esculturas
expuestas estos días
y hasta el 19 de enero en el
MNCARS, nos acerca a la antigüedad,
por sus estudios en escultura
arcaica, a través de
esculturas modernas realizadas
en el siglo XX.
La exposición
se organiza cronológicamente
entre 1918-1945, y muestra dibujos,
pintura y escultura procedente
de diversos museos catalanes
y de colecciones privadas. Los
años en los que se centra
la exposición coinciden
con las dos guerras mundiales
y la civil española,
aunque ni la temática
de sus dibujos ni de sus esculturas
hacen referencia a ello.
En 1917 se
integró en el grupo “Els
Evolucionistes”, los cuales
reaccionan contra el nouvecentismo
en Cataluña. Entre el
26 y el 29 conoce a Picasso
y entabla una estrecha amistad
con él, coincidiendo
con su traslado a París
en esta época. Vemos
expuesto, aunque en muy mal
estado de conservación,
tristemente Retrato de Maya
Picasso..
La muestra
bien organizada, se distribuye
tan sólo en dos salas.
En la primera, nos encontramos
Autorretrato (1939-40), realizado
en barro crudo, el cual para
mi gusto concede un aspecto
algo rudo, tosco y no demasiado
expresivo. Contrasta bastante
con otro autorretrato suyo de
1919 que se encuentra en la
misma sala. Por el contrario
este lo realizó en piedra
y siendo anterior nos da la
sensación de ser una
persona de mayor edad y personajes
completamente distintos. Este
segundo ya nos muestra ese gusto
por la escultura de la antigüedad,
con ese gran bloque de piedra
y con esa rotundidad Rebull
sintetiza los valores puros
del arte arcaico para crear
una nueva escultura más
realista y más moderna.
Retrato de
Ana (1928), es de gran hieratismo
y frialdad. Hay que tener en
cuenta que esta “frialdad”
que nos transmite puede ser
por tratarse de un material
muy duro y difícil de
trabajar.
Se exhiben otras dos cabezas
de mujer donde el único
detalle diverso es la forma
de tratar el cabello, aunque
siempre en forma de casquete
como en la antiguedad clásica.
En el centro
de la sala vemos Niña
con trenzas de 1933. Esa nariz
algo respingona le otorga un
aire más realista. Retrato
delicado, donde el artista consigue
un toque tierno a la vez que
infantil. El color del bronce
patinado contrasta con el resto
de la sala en en barro o terracota.
Los relieves
de tema bucólico, las
pequeñas figuras de terracota,
de recuerdo matissiano, y sus
dibujos donde predomina el desnudo,
son otros ejemplos de las búsquedas
formales que llevo a cabo en
estos intensos años.
Al pasar a
la segunda sala, la obra más
llamativa es el Grupo de niños
Pérez Olaguer. Se trata
de un gran bloque marmóreo
esculpido con gran exquisitez.
Se observa un juego de curvas
a través de la unión
de los brazos de las tres figuras,
lo cual a la vez nos transmite
una sensación de dulzura
y cariño.
En piedra policromada
tenemos Retrato de Maria Rosa,
el más realista de toda
esta época. Se observa
un mayor interés por
el natural, como vemos en las
incisiones que realiza el artista
en la cabeza para crear el cabello
de la niña. Completan
la exposición algunas
escenas cotidianas como Dos
ciclistas, que muestran un acercamiento
a temas modernos, que no aparece
en su obra escultórica. |