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Luis Meléndez
nació en Nápoles
en 1719.
Y nació
allí de casualidad, porque
su padre, pintor asturiano de
nombre Francisco, se estableció
en la ciudad italiana en 1699
donde permaneció con
su familia hasta que su hijo
cumplió un año
de edad.
Cuando regresan
a España, donde reina
Felipe V, primer Borbón
de la monarquía española,
se instalan en Madrid, y Luis
inicia sus estudios de pintura,
tradición obliga, primero
en el taller de su padre y más
tarde en los talleres de la
Junta Preparatoria de la Academia
de Bellas Artes.
Por entonces
la Academia de Bellas Artes
estaba aun en proceso de nacimiento
y no era la institución
que conocemos hoy como tal,
hecho que no tendrá lugar
hasta el año 1752 fecha
en la que nace la Real Academia
de Bellas Artes de San Fernando,
tal y como se la conoce en nuestros
días.
Francisco,
el padre de Luis, fue uno de
aquellos responsables del nacimiento
de esta nueva institución,
pero las continuas desavenencias
con sus compañeros hace
que poco a poco vaya retirándose
del proyecto dejando de lado
sus quehaceres, hecho que afectó
a su hijo el cual es oficialmente
expulsado de la Academia en
el año 1748.
A partir de
ahí e interrumpida de
golpe su educación oficial,
Luis decide emprender el vuelo
y pagándose él
mismo el viaje se marcha a Italia,
donde permanece en las ciudades
de Roma y Nápoles.
Años
más tarde regresa a Madrid,
Fernando VI es quien reina ahora,
y trabajará, por encargo
del propio monarca, como ilustrador,
realizando pequeños paisajes
para los libros del coro de
la Real Capilla.
Pasan los años,
1759, cambia de nuevo el rey,
aparece en escena Carlos III,
el “mejor alcalde de Madrid”,
y nuestro artista se especializa
en bodegones, realizando una
serie de pinturas dedicadas
al Príncipe de Asturias,
hijo del rey, futuro Carlos
VI., bodegones que ahora el
Prado reúne en esta pequeña
exposición titulada,
como no podía ser de
otra manera, “Luis Meléndez.
Bodegones”.
Como bien se
puede suponer por la trayectoria
artística del napolitano,
su mayor sueño fue la
de llegar a ser Pintor del Rey,
cargo que, paradojas de la vida
y aun habiendo trabajado prácticamente
toda su vida para la corte,
nunca llegó, mas aun,
se sabe que murió de
manera algo oscura y totalmente
falto de recursos en Madrid
en el año 1780.
Como ya he
mencionado antes, es esta una
pequeña exposición
que nos ofrece una serie de
cuadros y objetos de la época
(la mayoría de los cuales
aparecen también representados
en las pinturas), y que nos
da asimismo a conocer detalles
de entonces tan curiosos como
la fecha en la que el tenedor
hace su aparición sustituyendo
al cucharón de madera
de siempre, y los platos se
vuelven individuales y no colectivos
como habían sido hasta
entonces.
A quien le
guste aquella época y
tenga curiosidad por conocer
lo que entonces se comía,
cómo se comía
y en qué momento se hacía,
así como descubrir un
pintor prácticamente
desconocido entre el gran público,
es esta una buena muestra, interesante,
y por pequeña y selecta,
fácil de asimilar, ver
y disfrutar.
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