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La colocación
de piezas de arte en un entorno
físico, ya sea un museo,
una galería o el entorno
urbano, ha sido siempre un tema
peliagudo, pues bien se sabe
que la presentación hace
mucho más que la temática
en sí, y una buena presentación
ha salvado más de una
mediocridad y catastróficas
colocaciones han hecho de verdaderas
obras de arte meros objetos
inertes.
La colocación
por colorido y no por orden
cronológico como al uso,
abre muchos y muy positivos
interrogantes en el espectador
que no solo “siente”
(el poder emocional y psicológico
del color es asombroso. Funciona!)
sino que también, de
alguna manera, “interactúa”
con la exposición cuestionándose
y descubriendo la obra por sí
misma y por lo que ella misma
genera en cada uno y no por
el contexto socio-cultural del
que surge que es lo que siempre
ha mandado a la hora de decidir
la colocación de las
obras.
Aprovechando,
la visión de obras de
autores magníficos como
Noguchi, Malevich o Tápies,
y la revisión de una
corriente artística,
el Arte Conceptual Monocromo,
una de las corrientes más
“emotivas” del arte,
aquella con la que el espectador
entra en contacto directo con
las sensaciones más involuntarias,
lo que se siente es lo que la
propia naturaleza del color/forma/visión,
transmite, no hay interferencias
culturales ni sociológicas
ni, importante, externas.
Despues de
la exposición de Noguchi
en el mismo Reina Sofia, una
de las exposiciones más
originales que he visto.
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