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Olafur Eliasson
es danés, de padres islandeses,
vive y trabaja en Berlín,
sus obras han recorrido ya museos
tan importantes como el Guggenheim
de Nueva York, el Museo de Arte
Contemporáneo de Los
Angeles, la Fundación
Deste de Atenas, y en el 2003
ha representado a Dinamarca
en la Bienal de Venecia.
El trabajo
de este artista se basa en crear
impresionantes instalaciones,
y lo que realmente explora es
la reacción de las distintas
personas ante un fenómeno
natural en un espacio que no
es el suyo. Este es el caso
del clima ambiental que ha creado
específicamente para
la Turbine Hall, en la Tate
Modern, un espacio por otra
parte que por su inmensidad
y magnificencia es perfecto
para recibir este tipo de “obras”
o “acontecimientos”
sobrenaturales, ya que se crea
una perfecta sintonía
entre espacio y obra.
Si ya Duchamp
provocó en su época,
descontextualizando un objeto
cotidiano, es decir, trasladando
un objeto de uso diario, como
es un urinario, a un museo y
más tarde lo definió
como obra de arte, ahora Eliasson
lo que hace es intentar llevar
a un museo algo tan “imposible”
como es el clima, o el tiempo...
El público
reacciona de manera muy diversa,
y es esto lo que más
le interesa a Eliasson. Unos
se tumban y relajan como si
tomaran el sol en la playa,
otros en círculo charlan
dejando pasar el tiempo, como
si estuvieran en un día
de picnic en pleno verano, algunos
se quedan concentrados y muy
pensativos mirando directamente
al sol. Lo que trata el artista
es explorar ideas sobre la percepción,
experiencia y representación.
Los elementos
básicos del tiempo: agua,
luz, temperatura y presión,
son los materiales que el artista
a utilizado a lo largo de su
carrera, introduciendo fenómenos
naturales en sitios inesperados.
Todos los trabajos
de Olafur Eliasson exploran
la relación entre espectador
y objeto. Esta es la representación
del Sol y el Cielo. El techo
esta cubierto por un enorme
espejo que refleja el espacio
inferior. Al final de la sala
una forma gigante semicircular
creada por cientos de lámparas
se refleja en el espejo superior
y crea una enorme esfera radiante.
Las muestras
sobre el “tiempo”
de Olafur Eliasson son unos
de los pocos encuentros con
la naturaleza en estado puro
en plena ciudad.
El artista evoca al hombre del
Romanticismo, al sumergir al
público en la inmensidad
de ese paisaje desconocido.
Los visitantes
pueden ver las estructuras y
sistemas eléctricos distribuidos
por todo el espacio; “Quiero
que ellos mismos entiendan la
experiencia de la construcción,
y así ser capaces de
evaluar y cuestionarse temas
a través de esta experiencia
directa” dice el artista.
La entrada
en el museo con esa luz neblinosa
y sobrenatural, el enorme “sol”
deslumbrándonos hace
que sea una exposición
atípica e inolvidable.
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