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AMBERES

LA CAPITAL DE LOS DIAMANTES

Se cuenta que el nombre de la ciudad proviene de la palabra flamenca ‘handwerpen’, que significa ‘lanzar (una) mano’. Según la leyenda, el centurión romano Silvius Brabo venció al gigante Antigoon (que cortaba las manos a los marinos que se negaban a pagar el peaje) y le cortó la mano. En el centro del Grote Markt, se halla la estatua del héroe Brabo, lanzando la mano de Antigoon al río Escalda...

Ciudad de Rubens y Van Dyck, esta arrogante metrópolis fue uno de los principales centros comerciales de Europa y sus habitantes fueron apodados ‘Señores’ por los españoles; la versión flamenca ‘Sinjoren’ es usada todavía para designar a los nacidos o criados allí. Desde finales del siglo XV hasta mediados del XVI, Amberes (Antwerpen en Flamenco) atrajo mercaderes de India y Persia, Venecia y Génova, Cracovia y Hamburgo quienes, entre otras valiosas mercancías, introdujeron el comercio de diamantes que hicieron famosa la ciudad en todo el mundo y que todavía hoy proporciona trabajo a miles de personas.

Después de la separación de los Países Bajos del Norte y del Sur en 1.585, cuando todos los intelectuales protestantes y los mercaderes huyeron al Norte (Holanda), la ciudad vivió un nuevo momento de esplendor con la Contra-Reforma, pero pronto perdió su actividad mercantil cuando la guerra entre España y los Países Bajos provocó el cierre del Escalda durante casi tres siglos.

Hoy día, la segunda ciudad belga goza de una espléndida salud gracias a su grandioso puerto (espectacular la vista nocturna desde el Ring Norte, cuidado con el peaje...) y al comercio de diamantes. El carácter multicultural de la ciudad se deja sentir especialmente en el Distrito de los Diamantes.

Una característica única de Amberes es el importante número de judíos Hassidic, que viven ‘juntos pero no revueltos’ (nunca mejor dicho) con la comunidad musulmana en este distrito. Los Hassidic, con sus característicos tirabuzones, atuendo y sombrero negro, controlan buena parte del mercado de los diamantes, siendo los pequeños comercios de joyas el principal reclamo de este barrio.

Muy próximo se encuentra el magnífico edificio de la Estación Central y el Parque Zoológico, fundado en 1.843 y que todavía conserva sus construcciones originales.

Desde la Estación Central y en dirección al centro se suceden amplias avenidas (Leysstraat, Meir) con imponentes edificios que son buena muestra del esplendor pasado y presente de esta ciudad flamenca.

Llegamos a Groenplaats, importante centro neurálgico de la ciudad y lugar habitual de reunión. Y desde allí al monumento sin duda más representativo de Amberes: la Catedral de Nuestra Señora. Más de 200 años fueron necesarios para su construcción (desde 1.352 hasta 1.584). Originalmente fue diseñada con 2 torres pero la inestabilidad del terreno y, más probablemente, la escasez de fondos derivada del comienzo de las guerras religiosas en 1.566, impidió que la segunda torre alcanzara los 123 metros de la primera. En su interior se puede disfrutar de una importante colección de obras de Pedro Pablo Rubens. Imprescindible también la visita a la casa de este genial pintor si se es aficionado al barroco flamenco.

Muy próximo a la Catedral nos encontramos el fastuoso Grote Markt, la Gran Plaza Mayor, con la fuente de Brabo. Edificios del siglo XVI la rodean, como el Ayuntamiento, uno de las construcciones renacentistas más grandes del país, las Casas Gremiales con estatuas de sus santos patrones y figuras que simbolizan los nombres de las casas en lo alto de las fachadas y de fondo la torre gótica de la Catedral. Verdaderamente impresionante, resulta difícil decidir donde dirigir la mirada. Mejor tomárselo con calma y darse tiempo para disfrutar de este increíble lugar con la sensación de haber retrocedido unos cuantos siglos en el tiempo.

Y es esta parte vieja la más concurrida y bulliciosa de la ciudad. Multitud de restaurantes de todas las nacionalidades y locales de comida rápida así como cafés y pubs (en verano casi todos con su correspondiente terraza) jalonan las callejuelas del barrio. Los belgas presumen de fabricar la mejor cerveza del mundo y yo no soy quien para discutírselo. De su gastronomía (patatas con mayonesa...) hablaremos en otra ocasión. Ya en serio, la verdad es que merece la pena perderse por el centro de la ciudad y entrar en cualquiera de sus locales a degustar alguna de los cientos de magníficas cervezas elaboradas por los más variados métodos.

Y para terminar nuestro rápido paseo por tan agraciada ciudad, una buena idea puede ser dejarse llevar por el relajante fluir del río Escalda, que a 88 kilómetros de su desembocadura discurre tranquilo hacia el Mar del Norte. Si además coincide con una noche de luna llena, un auténtico lujo.