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BUDAPEST

HISTORIA DE DOS CIUDADES

Si hace poco dedicábamos nuestra sección a Viena, esta vez dirigiremos nuestra mirada a la otra gran capital del Imperio Austro-Húngaro: Budapest. Lo primero que hay decir de ella es que presenta muchos contrastes. Reminiscencias de los días de Francisco José I y la emperatriz Erzebet (que para esos estamos en Hungría) o Sissi permanecen en mayor o menor medida en sus calles. Ese esplendor decadente que comparte acera con casi medio siglo de comunismo. A diferencia de Praga, que sí presenta el aire de una urbe occidental, me llamó mucho la atención que en Budapest te encuentras ante avenidas con socavones tales que parece que se va a abrir otra estación de Metro (por cierto, el más antiguo del viejo continente), o elevas tus ojos a un edificio que proyecta impactos de balas de la revolución de 1956 comandada por el presidente Nagy e, incluso, por toda la zona de la estación tienes dificultades para caminar porque los adoquines están literalmente tomados por los puestos ambulantes de los zíngaros donde se vende fruta expuesta en el santo suelo. En fin, no sé, es una rara mezcla pero puede que por ello todos los rincones de la capital magiar rezuman un aroma diferente al de otros lugares que he visitado.

Es muy complicado describir todo lo que te puedes descubrir en estas dos ciudades porque, sí, por un lado está Buda y por otro Pest, separadas, cómo no, por el inmenso Danubio que divide literalmente la urbe. En Buda gira todo alrededor del barrio del Castillo y la Ciudadela. Situado en una colina, desde allí puedes contemplar todo el esplendor del río más importante de Europa y la inacabable llanura en la que se asienta “la otra parte”.


Como casi todos los castillos es más bonito por fuera que por dentro pero lo mejor son las calles y edificios colindantes, en especial, el Bastión de los Pescadores, también con colosales vistas, y la Iglesia de Matías que no sé llama así (el apodo viene de un rey de finales del s. XV que la mandó construir) pero casi ni los propios lugareños conocen su nombre verdadero. Es un templo gótico no excesivamente grande pero muy coqueto que merece la pena.

Para bajar a la parte de Pest podemos descender a pie entre los muros de la fortaleza del castillo y cruzar el Danubio por alguno de los majestuosos puentes como el de Erzebet o el de las Cadenas, el más famoso y espectacular. Ya inmersos en el otro lado la primera referencia es el Parlamento, inmenso edificio a la orilla del río. Yo, desde luego, si perteneciera al Congreso húngaro, me sentaría ante él todas las mañana y haría “pellas” de las sesiones plenarias sólo por admirarlo. Muy cerca del mismo está la Catedral de San Istvan (Esteban) que, sin ser fea, no tiene parangón con la Iglesia de Matías. También en el sector, un sitio “de incógnito” que puede ser interesante alternativa es el Museo Etnográfico. Cuando estuve en Agosto tenía las tres plantas para mí solito, no habría más de 15 visitantes en todo el trayecto. Eso sí, como no da para cámaras podías observar detenidamente a algunas mujeres haciendo punto que, en teoría, eran las vigilantes de las salas. En el museo puedes descubrir, entre otras cosas, las peculiaridades de un pueblo único en el continente, los magiares.

Volviendo un poco sobre nuestro pasos nos adentramos en la zona comercial que, a semejanza de Viena, discurre por una calle peatonal, U. Vaci, pero, a diferencia de la capital austríaca, los precios no son desorbitados aunque tampoco baratos. Si desde aquí cogemos alguna de las avenidas que se alejan del Danubio seguro que al final llegamos a mi lugar preferido de la ciudad: La Plaza de los Héroes. Si juntamos la megalomanía imperial y soviética, este emplazamiento es la conclusión lógica. Sumad la Plaza Mayor, la de España y la Puerta del Sol y multiplicadlas por dos. En el centro de la misma imponentes estatuas de los antiguos reyes magiares, como los cuatro de nombre Bela, Arpad, etc. Tremendo y si lo “disfrutas” a 35º sin ninguna sombra de edificio en un kilómetro a la redonda, más. Como dato añadir que, en la misma, se ubica un museo de arte, obligada referencia para los amantes de la pintura, que contiene bastantes obras de Velázquez.

Siguiendo un poco más allá, podemos pasear por un frondoso jardín cuya salida nos conduce a un sitio decepcionante. Se supone, o por lo menos eso dicen, que hay un castillo importado directamente de Transilvania pero fallan en un pequeño detalle. En vez de estar rodeado de riscos, prados, bosques y misterio, aparece circundado de casas, coches y asfalto. Vamos, es como cuando quieren hacernos creer que Gary Oldman puede ser un Drácula presentable en la película de Francis Ford Coppola cuando es evidente que sólo hay un vampiro supremo: Bela Lugosi, que para eso era de la zona.

Existen muchos más monumentos o iglesias que visitar pero vamos a dar unas cuantas recomendaciones especiales sobre qué hacer en esta increíble ciudad. Como en la mayoría de urbes de centroeuropa, obligatoria la visita a la Sinagoga judía. Como edificio en sí, tiene mayor interés que, por ejemplo, la tan renombrada de Praga. Por otra parte, aliciente es también darse una vuelta y disfrutar de los Baños termales, una tradición de siglos, ya sea en un hotel o en los instalados por el ayuntamiento.

Si nunca habéis tenido la ocasión de respirar vapor a tropecientosmil grados, es una experiencia inolvidable y relajante. Además, en Budapest conservan ese sabor antiguo con los azulejos, las vidrieras,...

Para concluir, no podemos olvidarnos del aspecto culinario. La comida y bebida húngara tienen una merecida reputación en todo el viejo continente. Todavía recuerdo a determinado miembro de mi familia degustando gulash de carne en desayuno, comida y cena. Pero, aparte, otros platos típicos de esta gastronomía son el Roston (carne a la parrila), el porkolt (estofado de carne variada) o la halaszle (exquisita sopa de pescado), todo ello regado con alguno de los magníficos caldos de la zona. Es evidente que no tienen la fama de los franceses o los españoles, mas es, sin duda, debido al oscurantismo que se vivía en tiempos pretéritos.

Todo esto y mucho más se puede llevar a cabo en Budapest, donde cualquier época pasada seguro que para los habitantes de la ciudad, no fue mejor.