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A pesar de
estar situada en un archipiélago
de 14 islas y miles de islotes,
Estocolmo no es una ciudad marítima.
Por el contrario, es el Lago
Mälar quien la rodea y
condiciona la existencia del
1.500.000 que pueblan sus barrios,
calles y plaza. Sus habitantes
muestran su orgullo por esta
singular estructura urbanística
que muestra un maravilloso paisaje
conjunto de la capital de Suecia.
Desde muchos puntos de la misma,
se pueden encontrar fotografías
excepcionales que, por encima
de puntos concretos, se impregnan
en la retina para siempre.
Como tal fue
fundada en 1252 por Birger Jarl,
aunque en esta zona se asentaban
siglos atrás los Svear,
una de las tres comunidades
que más tarde aterrorizarían
al mundo en los siglos IX y
X en forma de expediciones vikingas
por todo el continente europeo
y, no olvidemos, el americano
del norte ( recordar que se
conmemora este año el
milenio de la llegada del navegante
Leif Eriksson a la península
de Terranova, en la actual Canadá
).
Contrariamente
a lo que ocurre, por ejemplo,
en España, en los países
escandinavos los pocos héroes
y personajes famosos que tienen,
en comparación con los
estados continentales o las
islas británicas, son
exaltados y admirados por todos.
Así, la figura y el recuerdo
de Gustavo Vasa, el libertador
de la nación sueca, estén
presentes constantemente. Él,
gracias a una rebelión
iniciada en el pueblo de Mora,
en la provincia de Dalecarlia,
centro geográfico del
país, proclamó
la independencia de su pueblo
de la Liga de Kalmar, que formaban
junto a Noruega y Dinamarca
con preponderancia de este último,
en 1523 tras muchos años
de luchas, guerras y traiciones.
Pero no solo ocurre con él,
sino con todo aquel que ha representado
algo para la difusión
de un estado con una difícil
posición en el globo
y con unas condiciones de vida
muy duras en el largo y crudo
invierno. Gustavo III, importantísimo
monarca del siglo XVIII asesinado
en 1792 mientras asistía
al estreno de una obra de Mozart
en el teatro, el dramaturgo
August Strindberg o la escritora
Astrid Lindgren, creadora de
Pipi Calzaslargas, encuentran
hueco en una ciudad magna, casi
imperial y, sobre todo, muy
bien, excesivamente diría
yo, ordenada.
La arteria
principal de Estocolmo es Drottninggatan
(la calle de la Reina), de tránsito
peatonal que une la parte más
comercial de la ciudad con la
Gamla Stan o ciudad vieja. Éste
barrio se encuentra en una pequeña
isla y conserva todo el sabor
medieval con angostos y estrechos
callejones prostituidos en la
actualidad por demasiadas tiendas
de regalos y restaurantes. Aún
así un breve pero agradable
paseo para disfrutar de un enclave
único en la ciudad que
se coronará con dos grandes
edificios: La Casa del Parlamento
y el Palacio Real un armazón
que rompe un poco la estructura
coqueta de Gamla Stan además
de no aportar gran interés
histórico ni artístico.
El punto de encuentro es la
Stor Torget, la Plaza Grande,
emblemático lugar en
el que, durante la Revolución
antes mencionada, aconteció
el Baño de Sangre.
Las tropas danesas cercaron
aquí a los rebeldes suecos
y se produjo una matanza que
a punto estuvo de acabar con
el citado levantamiento.
Volviendo por
Drottninggatan encontramos la
parte más bulliciosa
de la ciudad. Sergels Torg,
Kungsgatan o Hamngatan destilan
actividad a lo largo del día.
Ejecutivos agresivos, turistas
despistados y compradoras enfermizas
se entremezclan en un espacio
típico de todas las grandes
urbes de los países desarrollados.
La peculiaridad surge aquí
en el clima de tranquilidad
y sosiego que se respira, sin
carreras, sin prisas, sin empujones.
En Hamngatan yace la Casa de
Suecia (Sweden House) fundamental
para aquel visitante que no
se ubique con facilidad. Nada
más pasarla topamos con
el miniparque (como tantos dispersados
por Estocolmo) Kungsträdgarden
donde, después de un
breve paseo volvemos a la orilla
del Mälar donde cruzando
el puente Skeppsholmbron llegamos
a una pequeña isla en
la que destaca la fachada del
Museo de Arquitectura diseñada
por el español Moneo.
Tras esta breve
incursión volvemos a
desandar el camino, principal
problema de la conexión
por islas poco recorrido - mucha
repetición, y paseando
a la vera del lago mientras
contemplamos multitud de embarcaciones
atracadas en sus aguas nos dirigimos
a la isla de Djurgarden (El
jardín de los Animales).
En una visita calmada y no excesivamente
exhaustiva podemos invertir
un día debido a la gran
variedad de actividades a realizar.
Nada más
entrar en la isla y, si disponemos
de tiempo, podemos indagar el
pasado, la cultura popular y
las tradiciones en el Nordiska
Museet (Museo Nórdico).
Yo lo recomendaría únicamente
a aquellos que tengan gran interés
por las materias antes referidas
y sepan inglés, alemán
o, en su defecto, sueco. A lo
largo de tres plantas, y siempre
con la ayuda de un diskman que
cuenta con las pertinentes explicaciones,
nos adentraremos en la vida
previkinga de estos pueblos,
sabremos cómo se celebra
Santa Lucía, una de las
grandes fiestas escandinavas
que tiene su réplica
también en Madrid gracias
a la comunidad nórdica,
el 13 de Diciembre o nos enteraremos
cómo viven la, nunca
mejor dicho, blanca Navidad
en un lugar tan cercano al hogar
de Santa Claus o Papá
Noel. Si esto no es de tu agrado
o lo tuyo no son los idiomas,
lo mejor es abstenerse, a pesar
de que esto año hay una
curiosa exposición sobre
Abba (?), que por méritos
propios ya son una parte característica
de este país.
No más
de tres minutos separan al Museo
Vasa (Vasamuseet) del Nórdico.
Otra vez un enclave temático.
Si no te gustan los barcos puedes
pasar de largo sin ningún
problema porque no hay ni más
ni menos que eso. El Vasa (cómo
no el nombre) era un buque que
el mismo día de su botadura
para realizar su primer viaje
se hundió irremisiblemente
en la aguas del Mälar en
1628. Ya muy avanzado en siglo
XX, el barco fue rescatado del
fondo del lago en un casi perfecto
estado de conservación
por lo que posee bastante interés
recorrer todos sus departamentos,
camarotes, etc,...
Como parque
nacional urbano que es, Djurgarden
posee multitud de sitios a conocer
como Junibacken para adentrarse
en los cuentos, travesuras y
sonrisas que han acompañado
la trayectoria literaria de
Astrid Lindgren, o Gröna
Lund, correcto parque de atracciones,
pero sería imperdonable
abandonar Estocolmo sin recorrer
Skansen. Inaugurado en 1891,
es un museo al aire libre que
cuenta con zoológico
y, sobre todo, con más
de 150 granjas y casas provenientes
de las 24 provincias suecas.
Establos, imprentas, panaderías,
talleres,... acompañados
de personas vestidas con los
trajes típicos de cada
región y/o profesión
que te informarán convenientemente
de aquello que desees saber.
De verdad merece mucho la pena
la paliza física (no
menos de tres horas caminando).
Y, hablando
de cansancio, a partir de aquí
los sitios a visitar se encuentran
localizados y desperdigados
por diferentes islas y barrios
con lo que es bastante acertado
recurrir al autobús o
al Metro, del cual los lugareños
están orgullosos porque
en casi todas sus estaciones
hay murales “artísticos”
en sus paredes, pero que en
mi opinión es tan asqueroso
como los demás Metros
del mundo. En Kungsholmen está
el Ayuntamiento (Stadshuset)
con su cúpula de bronce
que todos aquellos que vieron
un montón de veces el
vídeo de los autóctonos
Europe, “The final countdown”
(la canción del “tiroriro”),
reconocerán con facilidad.
Dentro de él, en su salón
principal (Blahallen) se celebra
anualmente gran parte de la
fiesta posterior a la ceremonia
de entrega de los Premios Nobel
(la otra parte, creo que el
Nobel de la Paz, le toca a Oslo,
la capital noruega, porque así
lo redactó el inventor
Alfred Nobel en su testamento
ya que en el año de muerte,
1896, Noruega y Suecia, eran
un mismo estado).
Por otra parte,
provechosa es, sin duda, una
excursión en barco rumbo
al archipiélago formado
por más de 24.000 islas.
Escollos e islotes salpicados
de sal, pequeñas cabañas
de pescadores, algo parecido
a las playas,...conforman una
travesía relajante.
También
en las afueras se encuentran
antiguos y elegantes palacios,
muchos de ellos abiertos al
público, destacando sobremanera
el Palacio de Drottningholm,
residencia de la familia real,
con un precioso parque rodeándolo.
No querría
terminar sin hacer una advertencia:
Todo aquel que vaya a Escandinavia
debe ir bien provisto económicamente
hablando. Por poner un ejemplo:
La vida nocturna. Si te quieres
tomar una cerveza, las 750 pesetas
no te las quita nadie, por no
hablar de aquel que sienta la
tentación de tomar algo
más fuerte. Un whisky
costará aproximadamente
el doble. Otro dato: Los bares
y pubs cierran a la una de la
madrugada por lo que la única
opción es entrar en una
discoteca previo abono de ¡2000
pesetas sin derecho a consumición!.
Como para quedarse tranquilo
en el hotel.
En definitiva,
y dejando a un lado que estamos
ante una de las capitales más
caras del mundo, Estocolmo es
una muy bella ciudad que encandilará
por las diferentes construcciones
y paisajes con relación
a lo que estamos acostumbrados
por España con unos habitantes
de los más simpáticos
de todo el norte de Europa.
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