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Este título
tan surrealista no es, ni más
ni menos, un pequeño
homenaje a los dos escritores
más grandes que vio nacer
esta ciudad, a orillas del río
Arno, donde dar un paso por
cada una de sus calles implica
una explosión de arte
en todas sus diferentes vertientes.
De origen etrusco,
parece ser que su nombre data
de la ocupación romana
y significa “la destinada
a florecer” por su posición
geográfica en la región
de la Toscana. Transcurridos
los oscuros siglos de la alta
Edad Media, el municipio resurge
con los emperadores Carolingios
para, durante el siglo XI, dividirse
su población en dos facciones:
Los Gibelinos, partidarios del
Emperador, y los Güelfos,
favorables al Papa. Estos, dos
siglos más tarde, se
separan en dos facciones: “Negros”
y “Blancos”, tomando
el poder los primeros con el
apoyo del pontífice y
mandado a los exilio, en 1303,
a los segundos entre los que
estaba Dante Alighieri, auténtico
codificador de la lengua italiana
y autor de una de las grandes
epopeyas de la historia de la
literatura: La Divina Comedia.
Durante la
baja Edad Media, la ciudad experimenta
un gran auge económico,
con la quiebra de la “peste
negra”, y con la llegada
del Renacimiento se produce
su explosión artística
con pensadores como Nicolás
Maquiavelo (cuya obra “El
príncipe”, de 1513,
es un excepcional tratado político
militar donde se configuran
las bases del Estado moderno)
o personalidades como Miguel
Ángel, todo bajo el gobierno
de una las familias más
influyentes de la península
itálica, los Medicis.
El centro de
Florencia es la Piazza della
Signoria, donde todos los años
se celebra la fiesta del “Calcio”
un mezcla primitiva de rugby
y fútbol, de origen medieval
que los lugareños conmemoran
con gran intensidad porque,
ya se sabe, para estos latinos
de sangre caliente únicamente
la escudería Ferrari
puede hacer sombra a todo lo
relacionado con el balompié.
En la Signoria
se ubica el Palacio Vecchio,
uno de las construcciones públicas
más significativas de
la Italia medieval. Su imagen
exterior nos presenta una sobria
torre de 94 metros de alto y,
en el interior podemos admirar
el Salón de los 500 con
un techo ornado de 39 panales
que reflejan el triunfo de Cosme
I de Medicis. Muy interesantes
son también la Capilla
en el Departamento de los Priores,
las Salas de la Audiencia, los
Lirios y la Guardarropía
con sus 33 mapas del Siglo XVI
pintados sobre los armarios.
En frente al
Palacio Vecchio se encuentra
la Logia di Mercato cuyo nombre
hace referencia al gremio del
acabado de tejidos que hoy en
día alberga el Mercado
de la Paja y de las Telas. En
una esquina de la Signoria,
la Galería de los Uffizzi
es una de las más impresionantes
pinacotecas del mundo que posee
algunas de las mejores obras
de la pintura italiana con mención
especial a la Sala de la Tribuna,
obligada referencia para los
amantes de este arte.
Cogiendo la
Via de Calzaiuoli llegamos al
Duomo o catedral de Santa María
del Fiore comenzada a construir
en 1296 por Arnolfo di Cambio
aunque su consagración
no se efectuó hasta 1406
por el Papa Eugenio IV. En mi
opinión, destacaría
dos aspectos de la misma. El
primero, el revestimiento realizado
con mármoles de tres
colores: blanco de Carrara,
verde de Prato y rojo de Maremma
que la hacen parecer distinta
a las demás catedrales
de la época. En la fachada,
preciosos son los tabernáculos
que representan las doce estatuas
de los Apóstoles con
la Virgen y el Niño en
el centro. Pero lo más
increíble es la cúpula
de 114 metros construida por
Brunelleschi desde donde se
divisa un amplio panorama no
sólo de la ciudad sino
de buena parte de la Toscana.
Se puede ascender a ella, algo
que recomiendo a los que estén
en buena forma física
porque los 469 escalones que
componen la subida representan
un martirio, sobre todo en la
última parte donde prácticamente
tienes que ir a gatas ya que
la escalera adquiere la forma
de la cúpula. Aun así,
merece la pena.
Junto al Duomo,
el Campanario diseñado
por Giotto de una elegancia
y belleza que no encuentran
parangón en el mundo.
Mide 81 metros y cuenta con
la “ventaja” de
que únicamente necesitamos
414 peldaños hasta la
terraza. Formando un tríptico
indisoluble con las otras dos,
el Baptisterio es uno de los
movimientos más antiguos
de Florencia. Su construcción
data de los siglos XI y XII
es un ejemplo de arquitectura
románica toscana, suponiéndose
la existencia de un templo romano
y de una iglesia paleocristiana
en el s. V como posibles precedentes.
Las tres puertas de acceso,
de excepcional interés,
están dispuestas según
los puntos cardinales. En particular
la Puerta oriental, bautizada
por Miguel Ángel “del
Paraíso”, cuyos
diez paneles de bronce dorado
relatan diversas escenas del
Antiguo Testamento (creación
de Adán y Eva, historia
de Noé, historia de Abraham,...).
Siguiendo hace
el norte por la Via Ricasoli,
no se debe dejar pasar la oportunidad
de ver la Galería de
la Academia, donde lo más
relevante es la galería
de los Cautivos donde cuatro
cautivos (de los seis que debían
ir en la tumba de Julio II,
encargados a Miguel Ángel)
parecen, en su estado semiacabado,
querer desprenderse del mármol
que les da vida. También
incompletas se muestran la Piedad
de Palestrina y el San Mateo,
ambas del mismo autor. Al fondo
de la galería, realzando
su apariencia frontal y sus
gigantescas proporciones, se
halla el David. Con él,
Miguel Ángel maravilló
a los florentinos por su realismo.
En vez de representar a un adolescente
frágil y sensual, el
escultor prefirió un
cuerpo casi adulto, de manos
desproporcionadas y gesto firme.
Al otro lado
de la ciudad, muy cerca de la
Piazza della Signoria, pasan
las aguas del río Arno
y, sobre ellas, los puentes
como el de Santa Trinita o el
Ponte Vecchio, el más
antiguo de la ciudad, de época
etrusca, salvado milagrosamente
de las bombas durante la Segunda
Guerra Mundial. Su aspecto actual
proviene del siglo XIV, cuando
sus tiendas se destinaban al
gremio de los carniceros. Por
deseo de Cosme de Médicis
se asignaron a orfebre y plateros,
los mismos que hoy las ocupan.
Un piso superior recorre el
Ponte Vecchio: se trata del
pasadizo que Cosme mandó
construir para desplazarse desde
el Palacio Vecchio hasta el
Palacio Pitti sin ser molestado.
Este último,
es un enorme y austero edificio
encargado a Brunelleschi por
Luca Pitti que diseñó
la parte central siguiendo su
espíritu renacentista
con equilibrada mesura, con
formas simples pero grandiosas.
En 1465, cuando los Pitti se
declararon en quiebra, la construcción
fue interrumpida, reiniciándose
en 1549 cuando el Palacio fue
adquirido por Leonor de Toledo,
la rica esposa de, como no,
Cosme I de Medicis que encargó
los trabajos de finalización
a Ammannati que respetó
substancialmente el diseño
original. En tan vasto recinto
pueden visitarse varios museos,
los departamentos reales y un
encantador parque.
Contrariamente
a otras pinacotecas que se guían
por criterios cronológicos
y museográficos, la Galería
Pitti ha conservado el aspecto
caprichoso y refinado que le
dieron los Medicis. Situada
en el primer piso de Palacio,
los cuadros se pueden ver en
su colocación original
en una serie de suntuosas salas.
Los frescos que las decoran
datan del siglo XVII, existiendo
obras de Tintoretto, Rafael,
Rubens o Tiziano. De los departamentos
reales, singularmente bellos
son el Salón del Trono
de impresionante aspecto “grana
y oro”, como dirían
los taurinos y el Salón
Comedor con una enorme araña.
El parque del
Palacio, los Jardines del Bóboli
tienen la forma de anfiteatro
aprovechando el desnivel del
terreno, con numerosos paseos
rodeados de cipreses y pinos,
adornándose con estatuas
romanas y fuentes como el Piazzale
Dell´Isolotto, estanque
circular con una islita donde
se levanta una fuente en honor
del dios pagano Océano.
Pero lo más relevante
de los jardines es la Fuente
de Baco, curioso ejemplar de
arte manierista, que, en teoría
representa la imagen del dios,
pero que parece ser la figura
panzuda y grotesca del bufón
de la corte de Cosme I, Pietro
Barbino, sobre una tortuga.
Florencia es
esto y mucho más; Las
Capillas de los Medicis, la
Iglesias de Santa María
Novella, San Lorenzo, el Santo
Espírito o el Orsanmichele,
y la Casa Buonarroti, actual
museo que fue casa de Miguel
Ángel, donde se guardan
esculturas de su juventud, bocetos
y dibujos así como obras
de otros autores relacionados
con la vida del artista.
También
nos hubiera gustado señalar
a los “viola”, es
decir, al equipo de fútbol
de la Fiorentina, como uno de
los principales atractivos de
la ciudad pero la marcha del
gran Gabriel Omar Batistuta,
el goleador argentino, a la
Roma hace que el conjunto del
magnate de la televisión,
Vittorio Cecchi Gori, pierda
casi todo el interés
del aficionado al deporte rey
a pesar de que siempre nos quedará
Rui Costa...
Y es que queríamos
terminar este artículo
con una referencia “vanal”
dentro de la majestuosidad de
toda una localidad que rezuma
arte por los cuatro costados,
en algunos momentos, diría
yo, incluso demasiado. |





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