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En primer lugar
quiero recalcar que todo lo
narrado son las experiencias
vividas por un grupo de 6 personas,
entre las que me incluyo, en
un viaje que tuvo lugar del
12 al 26 de septiembre del 2004.
No todo lo narrado tiene que
ser una verdad absoluta sino
mi opinión personal basada
en las vivencias acontecidas
en las distintas ciudades de
éste fascinante país.
Nos citamos
todos en el aeropuerto de Madrid,
Barajas. Con varias horas de
antelación ya nos encontrábamos
en la terminal pertinente y
con muchas ganas de volar hacia
nuestro destino. Para los curiosos
comentar que el vuelo más
las tasas más el Japan
Rail Pass de una semana (que
te permite montar en tren, ferry
y autobús de la compañía
JR) más el alojamiento
en las distintas ciudades fueron
1.190 euros. Todo gestionado
por nosotros y sin ningún
intermediario.
Nos despedimos
de las familias, novias...etc
y cogimos el primer avión
para llegar a Amsterdam, ciudad
donde tenía lugar la
escala para volar a Tokio.
La gente de
JAL (Japan Air Lines) en Barajas
nos dio dos noticias, una buena
y una mala, la buena es que
el avión de Amsterdam
a Tokio iba con sólo
doscientos pasajeros, lo que
significaba que teníamos
una fila de tres asientos para
cada uno de nosotros, la mala
es que el avión de Madrid
a Amsterdam llevaba 45 minutos
de retraso. Teniendo en cuenta
que teníamos una hora
y cincuenta minutos para la
escala, nos pusimos un poco
nerviosos. No hubo problema,
el comandante de Iberia, el
Sr. Mayordomo optimizó
el rendimiento del avión
y llegamos a Amsterdam a nuestra
hora, un santo el piloto de
Iberia.
En Amsterdam
la compañía JAL
nos invitó a un refresco
para que la hora y cuarenta
y cinco minutos se nos hiciese
más amena, todo un detalle.
Después
de enseñar el pasaporte
para subir al avión pudimos
comprobar todos los elementos
de ocio que incorporaba el avión
para que no te aburrieras, 10
películas, juegos, canales
musicales de audio, reportajes
sobre la historia de Japón,
cámaras delantera y trasera,
sistema de GPS... etc. Todo
ello para poder consultar individualmente
desde tu asiento en la pantalla
situada en el reposacabezas
del pasajero sentado delante
de ti.
Con la excitación
del viaje no prestamos atención
a todos esos elementos y estuvimos
hablando casi todo el vuelo
y descansando, no en vano el
vuelo son once horas y veinte
minutos.
Empezamos a
comprobar la amabilidad de los
japoneses antes de llegar, no
le dimos mucha importancia porque
se trataba de una azafata del
avión (que normalmente
suelen ser muy amables). Me
explico. Cerca de las salidas
de emergencia se habilita un
pequeño espacio para
que los tripulantes puedan estirar
las piernas, beber o comer algo,
puedes pedir lo que quieras
de beber ya que está
incluido en el precio del billete
(a pesar de volar en clase turista).
De comer te dan toda clase de
aperitivos japoneses (dulces
y salados). El vuelo también
incluye cena, desayuno y aperitivo
durante las once horas aparte
de lo anteriormente citado.
Matshuyama,
que así se llama la azafata,
se encontró con dos de
nosotros tomando algo a las
5 de la madrugada y se unió
al grupo, después de
charlar como veinte minutos
nos regaló una bolsa
con botellas de whisky, ginebra
y aperitivos japoneses. Nos
comentó que no dijéramos
nada a nadie y nosotros correspondimos
regalándole un abanico
español. Ella quedó
muy sorprendida a la vez que
agradecida y pudimos comprobar
por primera vez las reverencias
de los japoneses. Los abanicos
los llevábamos como regalo
a la familia que nos iba a acoger
los dos primeros días,
al llevar tres abanicos consideramos
que ésta buena azafata
se merecía uno.
Llegamos a
Tokio, mejor dicho a Narita,
en el horario previsto y salimos
del avión como locos.
Fuimos al servicio y vimos por
primera vez retrete al estilo
nipón, es como una letrina,
ya sabíamos desde que
llegamos que había que
elegir el “western style”,
es decir un water como lo conocemos
en occidente ya que puedes elegir
entre uno y otro.
Tras dos colas
donde nos pedían el pasaporte
y nos hacían rellenar
una tarjeta donde nos preguntaban
donde estaríamos alojados
durante nuestra visita a Japón,
así como nuestra profesión
y datos personales, por fin
llegamos a la estación
para coger el Narita Express
hasta Tokio Central Station.
Canjeamos el
Japan Rail Pass en la estación,
nos dieron una tarjeta para
una semana. La gente de JR del
aeropuerto hablaba un inglés
aceptable y nos entendimos bastante
bien, muy educadamente nos facilitaron
un horario con los trenes que
iban desde el aeropuerto hasta
la Estación Central de
Tokio. Pensábamos que
estaríamos más
perdidos pero en el aeropuerto
de Narita todo está bastante
claro y es difícil perderse.
Nos dirigimos
hasta el anden para coger el
Narita Express y tomamos contacto
con las famosas máquinas
de bebidas, las hay por todos
los sitios y os doy un consejo,
ir a lo seguro porque hay bebidas
de la tierra que no hay quien
se las beba, coca cola, aquarius
o agua mineral es un acierto
seguro.
Después
de un trayecto de unos 45 minutos
desde Narita a Tokio y llegar
a su Estación Central
es cuando empiezas a vivir de
cerca el caos y la aglomeración
de gente. Sin duda alguna el
idioma constituye una barrera
insalvable (ya que no sabíamos
apenas japonés y el inglés
no es que sea muy hablado por
aquellas tierras), la mayoría,
por no decir todos, los japoneses
son la amabilidad personificada.
No sabemos si, por el mero hecho
de ser extranjeros o bien porque
son así por naturaleza,
lo cierto es que cantidad de
gente nos ayudó, a su
manera, porque a muchos no les
entendíamos. Al final
llegamos al anden del Shinkansen
(tren bala o de alta velocidad,
con el Japan Rail Pass están
todos incluidos excepto el “Nozomi”)
que nos llevaría derechos
a la ciudad de Sendai, donde
nos encontraríamos con
nuestro amigo Shigeru, que nos
acogió a todos dos días
en su casa.
Las pasamos
canutas para comprar una tarjeta
telefónica pero una vez
adquirida una, el resto fue
acercarnos a la señora
que las vendía en la
pequeña tienda de la
estación, hacerle el
gesto de llamar por teléfono
y con una sonrisa te la vendía.
Otra canción era llamar
por teléfono a España
ya que en algunas cabinas no
se podía y en otras tenías
que marcar unos prefijos que
no eran los habituales, tenías
que marcar varios números
antes del 0034 de España,
la verdad es que ahora no los
recuerdo pero era la mar de
complicado.
Subimos en
el tren y nos acomodamos. En
la estación de Narita
nos reservaron todos los asientos
juntos por lo que teníamos
un vagón asignado y un
número de asiento para
todos y cada uno de nosotros.
Por regla general en los 3 primeros
vagones de los trenes los asientos
son sin reserva, es decir, te
puedes sentar donde quieras,
el resto son reservados por
lo tanto si no te sientas en
el que te corresponde es muy
probable que llegue su ocupante
y tengas que cambiarte de sitio.
También
tuvimos contacto con el carrito
de comida y bebida que ofrece
sus servicios a los pasajeros,
es muy parecido al de los aviones
aunque la selección de
productos es más amplia,
suele haber comida (fría
y caliente), bebida (refrescos,
café, té) ,aperitivos
(patatas fritas, frutos secos),
chocolates y pequeños
objetos relacionados con los
trenes y la compañía
JR (bolis, cintas para el móvil,
pegatinas...etc).
Por fin llegamos
a la ciudad de Sendai donde
nos esperaba Shigeru. Tomamos
contacto por primera vez con
los anuncios de neón
y las gigantescas pantallas
de vídeo. Nos vino a
recoger con un amigo suyo y
con 2 coches (fue una suerte
aya que éramos 6 más
las maletas), nos informó
de la primera sorpresa que nos
esperaba. Su madre, a la que
teníamos que llamar madre
(Kachan en japonés) nos
invitaba a cenar a un restaurante
japonés que era un buffet.
Lo curioso de la invitación
es que la madre pagaba pero
no venía a cenar. Según
Shigeru el invitado es Dios
en Japón pero nosotros
no estábamos de acuerdo
en que su madre no viniese a
cenar pero nos comentó
que cualquier comentario al
respecto sería de mala
educación, debíamos
agradecer el detalle a su madre
cuando la conociéramos
y ya está.
El restaurante
estaba a las afueras, teníamos
todo tipo de comida japonesa,
Sushi, Sashimi, Teriyaki, Yakisoba,
Oden, Takoyaki...etc. Para los
curiosos, el buffet eran 1500
yens, unos 11 euros aproximadamente,
lo que no nos pareció
nada caro. Los amigos de Shigeru
también se unieron a
la cena y NOS HICIERON REGALOS,
no lo entendíamos muy
bien, era la primera vez que
nos veían y ya nos estaban
regalando cosas.
Aceptamos de
buen grado los obsequios (eran
cintas para el pelo con letras
japonesas y abanicos) y nosotros
correspondimos con unas gominolas,
no se porqué pero a los
japoneses les encantan, se pusieron
más contentos que nosotros.
Cenamos copiosamente
y conocimos el “Sabu Sabu”.
En las mesas
había un pequeño
brasero y también un
pequeño recipiente con
agua muy caliente. El brasero
se utilizaba para hacer cosas
a las brasa (obviamente) y la
segunda para introducir dentro
y de esta manera cocinar un
tipo de carne cortada muy fina
y que luego se mojaba en distintas
salsas, esto último era
el “Sabu sabu”.
Nos lo pasamos genial, Shigeru
hacía de traductor (él
habla inglés, japonés,
alemán y español),
hablamos de manga y anime (ellos
se quedaron muy sorprendidos
de que conociéramos tantas
series de manga y eso que somos
meros aficionados, para nada
expertos en la materia) Para
los amantes del manga decir
que lo que más de moda
está hoy por hoy de lo
que conocemos en España
es One Piece, Full Metal Alquemist
y Naruto entre otras. También
nos preguntaron que conocíamos
de Japón (aparte del
manga) y que nos gustaba de
su país. Nombramos varias
regiones del país y varios
barrios o lugares de Tokio.
También hablamos de personas
japonesas famosas como Hideo
Nakata (director de cine) o
Takuma Sato (piloto de Fórmula
1). Aquí nos dimos cuenta
de lo importante que es la entonación
ya que si lo entonas como hablas
habitualmente en castellano
no te entienden, tienes que
poner los acentos en su sitio
así Takuma Sato se convertía
en Tákuma Sató.
Después
de cenar y de despedirnos de
toda la gente que conocimos
esa noche (hubo muchas reverencias)
nos dirigimos a casa de Shigeru
a conocer a la familia.
Nuestro amigo
vive en las afueras de la ciudad
de Sendai, en la prefectura
de Miyagi. Su casa está
situada en una zona residencial,
fuera del bullicio, tiene 2
plantas y a pesar de que tiene
tatami y muchos otros elementos
que nos resultarían familiares
de verlas en las series de anime
o mangas y que podríamos
reconocer como japoneses tradicionales
(baño, paredes traslucidas
y correderas), también
tiene elementos “occidentales”
como pueden ser camas.
Seguimos sus
instrucciones en todo momento
para no parecer descorteses,
nos descalzamos en la entrada,
dejamos las maletas en la puerta
y nos presentó a sus
padres. Hubo ronda de reverencias
y obsequiamos a la familia con
los presentes que traíamos
de España ( dos latas
de cocido madrileño,
ocho latas de Red Bull, un par
de abanicos artesanales, infinidad
de gominolas de todos los tipos,
una lata de aceite de oliva
virgen, aceitunas rellenas de
anchoa, un cartón de
tabaco y medio jamón
de pata negra). La mayoría
de las cosas fueron encargos
de Shigeru y todas ellas eran
recibidas con un sonoro “ooooooh”
de sorpresa, se les veía
muy agradecidos. A Shigueru
le regalamos aparte el DVD de
“Torrente 2” y el
CD de Melendi y a su hermano
Akira una camiseta con un letrero
de la ciudad de Madrid.
Estuvimos un
rato charlando con los padres,
con Shigeru de traductor, y
nos fuimos a la cama, nos alojaron
a 4 personas en una habitación
para dormir en futones y otras
dos en otra para dormir en camas.
Estábamos muy cansados
después del largo viaje
y el día siguiente iba
a ser movido, nos esperaba una
visita a un Onsen (balneario
natural) y a Matsushima.
Curiosamente
no pudimos dormir mucho y que
la habitación no tenía
persianas ayudó un poco,
nos levantamos a las 6 de la
mañana y nos pusimos
a mirar internet en el salón
y a jugar a la play station
(previamente la familia nos
había dicho que si nos
levantábamos antes que
ellos que podíamos utilizar
ambas cosas libremente).
Al rato de
estar despiertos se levantó
la madre y nos preparó
el desayuno a todos, incluido
el padre que iba trabajar El
padre nos enseñó
la web de su empresa, que se
dedica a fabricar muebles de
cocina, y nos preguntó
que si nos gustaba la página
web, todos respondimos afirmativamente.
El desayuno
que nos preparó kachan
consistía en café
con leche, ensalada, salmón
y otro pescado que no pudimos
reconocer y no preguntamos que
era, fritos, salchichas y arroz
blanco, dijo que teníamos
que desayunar bien ya que nos
esperaba un día muy largo.
Efectivamente
el día fue muy largo,
antes de nada y mientras Shigeru
se preparaba dimos una vuelta
por el barrio. Tomamos contacto
directo con la calles de Japón
por primera vez, vimos las señales
de tráfico, las distintas
casas y entramos en la primera
tienda del barrio, hicimos fotos
a todo y compramos un refresco
para el viaje, la señora
que nos recibió con un
sonoro “irasaimase”
(bienvenidos), nos despidió
con infinidad de reverencias,
no debía ser normal ver
“gaijines” (extranjeros)
por aquella zona.
Shigeru nos
dijo que un amigo suyo le había
dejado la furgoneta (de 8 plazas)
para que nos llevara a todos
sitios, realmente la amabilidad
de los japoneses no tiene límite.
Nuestro primer
destino era un Onsen (balneario
natural), nos subimos a la furgoneta
y pudimos comprobar que casi
todos los vehículos de
Japón viene equipados
con GPS que a su vez es reproductor
de DVD y televisión.
En serio, mientras conducen
se guían con el GPS y
cuando paran en semáforos
ven la tele, verídico.
Llegamos al
Onsen y lo primero que nos sorprendió
fue el precio 1000 yenes todo
el día (unos 7 euros
y poco), nos prestaron un Yukata
(kimono de verano), una toalla
y unas zapatillas y entramos.
Todo estaba
limpio a más no poder
y daba gusto estar allí,
los baños eran mixtos
pero las distintas estancias
tenían horarios para
hombres y para mujeres, teniendo
en cuenta que tienes que bañarte
desnudo no era plan compartir
el baño con el sexo opuesto.
Para quien
no lo sepa, los japoneses utilizan
el baño para relajarse,
es decir que se duchan y lavan
antes de entrar en el mismo,
el agua está muy caliente
y simplemente se introducen
en ella como terapia de relajación.
En un Onsen hay que entrar desnudo,
sólo se permite una pequeña
toalla, al ser un elemento completamente
natural y que se encuentra emplazado
en plena naturaleza no se pueden
introducir elementos que perturben
dicho estado, es decir, nada
de bañadores.
Después
de disfrutar de varias horas
de todas las estancias del Onsen
en un entorno privilegiado y
de sus calientes aguas (hay
a quien le resultaron demasiado
calientes) nos dirigimos hacia
el centro de la ciudad para
comer y dirigir nuestros pasos
hacia Matsushima, una zona de
pequeñas islas del Pacífico.
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