Principal / Escapada / Japón II

JAPÓN

Capítulo 2: Sendai – Kyoto/Nara

Llegamos a Matsushima con el tiempo justo de embarcar en la última lancha que daba una pequeña vuelta por las islas. Una de las personas que trabajaba para la empresa que organizaba estos pequeños tours nos acompañó hasta la barca y nos dijo que nos diéramos prisa ya que quedaban 5 minutos para que zarpara. A toda carrera (la verdad es que durante todo el viaje me sorprendió la amabilidad infinita de este pueblo) nos enseñó el camino y nos montamos en la lancha.

Era la típica atracción turística en la que das una vuelta de 45 minutos y por los altavoces te van explicando lo que estás viendo, obviamente no entendimos nada y freímos a preguntas a nuestro anfitrión japonés. La vista era muy bonita y el paisaje completamente atípico, la verdad es que a todos nos gustó el paseo.

Una vez terminado el mismo nos dirigimos a un pequeño templo que había en un islote, era el primero que íbamos por lo tanto observamos todo con mucha atención. Yo tuve la desgracia de echar una moneda en las maquinitas que te dan los papeles con tu futuro y me auguró muy mala suerte. Vimos un par de tiendas con productos típicos de Japón y acto seguido hicimos una ofrenda simbólica en el templo, tocamos el pequeño gong y nos fuimos hacia otros templos que estaban en una montaña cercana y metidos como en cuevas. Otro sitio digno de mención ya que también tenía su encanto y pasamos una hora paseando entre estatuas y templos cavados en la roca.

De vuelta a Sendai Shigueru nos llevó a una tienda de segunda mano antes de salir de marcha con sus amigos. Pudimos comprobar que merecía la pena acercarse a este tipo de establecimientos ya que todo está muy barato. Como ejemplo destacar que una “game boy” costaba 4€ y la “game boy advance” de color 6€.

Los amantes del manga tendrían su perdición ya que es lo que más abunda en estas tiendas, estanterías repletas de los mismos (lógicamente en japonés) e infinidad de artículos relacionados con ellos estaban por todos lados. Contuvimos nuestras ganas, no en vano era nuestro primer día pero compramos algunos recuerdos.

Poco después habíamos quedado en un restaurante para cenar y luego ir a un karaoke. Tras pasear un rato por la calles de Sendai llegamos al local donde nos esperaban unos 20 amigos japoneses para cenar con nosotros.

(Antes de llegar al restaurante, quiero destacar algo que se he pasado por alto, de camino a Matsushima paramos para comer en un restaurante de comida rápida. El lugar en cuestión se llama Mos Burger. Nuestro amigo japonés se tuvo que quedar en el coche porque aparcamos en doble fila. Aquí descubrimos realmente la barrera que supone el idioma, llegamos a desesperarnos ya que no nos entendían. A pesar de tener un menú con fotos, de señalar la foto e indicar con los dedos cuantos platos como el de la foto queríamos fue imposible, las chicas de la barra no borraron su sonrisa de la boca pero se empeñaban en hablarnos en japonés. Tuvo que venir Shigeru y aún así nos dieron mal el pedido. No exagero pero al menos estuvimos 15 minutos intentando hacernos entender, imposible).

Antes de llegar al restaurante aparcamos en un parking y estuvimos caminando un rato Sendai. Seguíamos impresionados por los neones y la cantidad de gente que había por las calles para ser un lunes.

Vimos a muchas chicas muy arregladas a las puertas de los locales, Shigeru nos explicó que tu les pagas una copa y algo de dinero para charlar con ellas, no es prostitución, es simplemente pagar por disfrutar de una charla con una bella joven oriental.

Llegamos al restaurante y allí estaban todos los amigos de Shigeru, como ya he dicho antes, unos 20 entre chicos y chicas. Nos sentamos un poco mezclados pero con Shigeru cerca y nos dejamos asesorar a la hora de pedir, nos explicaron que este tipo de bares (de mesas grandes donde principalmente se reúnen para beber y comer) es el equivalente a un bar de tapas español.

La cena fue divertidísima, la mitad de la veces no entendíamos nada pero nos quedamos sorprendidos a ver a uno de los japoneses preguntarnos por el director de cine Víctor Erice.

Toda la comida estaba muy buena y descubrimos la costumbre de no servirte tu propia bebida, siempre que querías beber debías decir a alguien que te sirviera.

Conocimos a mucha gente esa noche pero con los que mejor nos lo pasamos fueron tres chicos, Maruta, Nushi y Shimada. Las chicas son bastante más tímidas aunque también son simpáticas, destacamos a Toshi, muy maja y hablaba inglés.

Al principio de la noche bebíamos cerveza, cuando se acabo la comida empezaron la ronda de kamparis (no se exactamente que lleva pero está fuertecito). En la cena había una chica alemana que sabía hablar español.

Una vez terminada la cena nos dirgimos a un karaoke.

En el karaoke nuestro amigo había llegado a una acuerdo con los dueños y teníamos dos horas de barra libre por 1200 yenes. La verdad es que pudimos comprobar que los japoneses practican bastante el tema de la canción ya que nos dieron un repaso.

Nosotros estábamos un poco perjudicados y el cantar era lo de menos. Nos los pasamos genial y cuando acabó la barra libre seguimos otro par de horas. Descubrimos una canción de un grupo japonés que nos hizo mucha gracia “Agehachou” de Porno graffitti.

A mitad de la noches se unieron varios amigos más, un chico venezolano y varios japoneses que se divirtieron de lo lindo.

Pusimos también el CD de Melendi para desvariar un poco, fue muy gracioso ver a todos los japoneses dando palmas.

Tras toda la noche juntos la verdad es que nos daba pena despedirnos, a mucha gente no la volveríamos a ver. La despedida fue muy emotiva (ya se sabe que cuando has bebido más de la cuenta aflora el sentimiento de exaltación de la amistad) y entre abrazos y buenos deseos para todos los presentes quedamos en que habría que repetir una noche como aquella, yo espero que algún día lo hagamos.

El alcohol corría por nuestras venas y Shigeru en un acto de responsabilidad que le honra dijo que debíamos esperar un poco antes de coger el coche ya que era peligroso. Nos dimos una vuelta por las tiendas de 24h y descubrimos las delicias de los “Combini Store”; allí había de todo. Compramos comida y algún que otro artículo relacionado con el manga (muñecos y pegatinas).

De camino al coche descubrimos que mucha gente había salido esa noche y la verdad es que la sensación de seguridad era total, creo que en Madrid a esas horas de la madrugada por pleno centro no hubiésemos ido tan campantes.

Caminamos un buen rato y pasamos por varias galerías comerciales. En las mismas había gente tocando la guitarra (típicos músicos callejeros) y gente viendo la actuación con los ojos como platos (mira que es difícil). No sabemos si es que les encantaba la música o su atención estaba motivada producto del alcohol que habían ingerido.
Llegamos a casa muy tarde y sólo tuvimos 3 horas para dormir ya que al mañana siguiente cogíamos el Shinkansen con dirección a Kyoto.

Cuando nos despertamos y nos duchamos el padre de Shigeru nos estaba esperando para despedirse ya que tenía que ir a trabajar. Nos preguntó alguna que otra cosa y nos enseñó la página web de la empresa en la que trabaja (una fábrica de muebles de cocina). Le comentamos que era muy interesante. El padre sonrió y se despidió de todos nosotros deseándonos buena suerte y ofreciéndonos su casa si volvíamos a Japón.

Kachan nos acompañó hasta la furgoneta y nos dio las gracias por la visita, prometimos volver.

Descubrimos los atascos japoneses y pudimos comprobar algo insólito. Todos los coches llevan pantalla de GPS y televisión, en los semáforos, cuando el coche está parado, ven la tele, verídico.

Nos despedimos de Shigueru hasta dentro de 4 días, nos citamos en Hakone. Tuvimos mucha suerte ya que cogimos un Shinkansen Express a Tokio el cual hacía menos paradas de las habituales y podíamos montar en él con el Japan Rail Pass.

El viaje hasta Tokio se nos hizo muy corto. Al llegar de nuevo a la capital volvimos a vivir de cerca el caos y la aglomeración, en esta ocasión porque coincidimos con un colegio y pasaron por delante de nosotros unos trescientos colegiales correspondientemente uniformados.

Cambiamos de anden y nos subimos en el tren que nos llevaba de destino a Kyoto. Hasta la fecha no habíamos prestado atención a los revisores de trenes pero es curiosos que saludan a la entrada y a la salida de cada vagón.

Lo primero que nos encontramos en Kyoto, aparte de la estación y la Kyoto Tower, fue un calor sofocante, treinta y tantos grados y una humedad brutal. Estuvimos buscando la sombra durante el trayecto de la estación al hostal. Nada más salir de la estación vimos un cartel con la mayoría de los personajes creados por Osamu Tezuka.

El hostal estaba realmente bien, el mejor alojamiento, después de la casa de Shigeru, del viaje. En el siguiente enlace le podéis echar un vistazo: http://www.kshouse.jp.
Una vez acomodados e informados de los autobuses que debíamos coger para nuestras visitas nos dirigimos al templo dorado (Kinkakuji). De camino al templo, nos encontramos con un grupo de estudiantes japonesas que nos acompañaron y con las que estuvimos chapurreando un poco en inglés y español. Pagamos religiosamente la entrada y nos dimos cuenta que el carnet de estudiante vale para bien poco en Japón, no lo aceptan en casi ningún sitio.

El Kinkakuji es alucinante, el propio templo , el pequeño estanque, sus jardines, desde luego es de las visitas que más nos gustaron de toda nuestra estancia. El mero hecho de estar allí nos hizo sentirnos unos privilegiados.

Después de disfrutar la visita como se merece encaminamos nuestros pasos hacia el Jardín de piedras. De camino al mismo nos encontramos con unas niñas que venían del colegio, nos preguntaron que de donde éramos. Cuando les dijimos que españoles les entró un pequeño ataque de histeria y se hicieron fotos con nosotros (y nosotros con ellas). Hablaban tres palabras en inglés (es curioso, la gente más joven conoce mejor el idioma) y para agradarnos nos bailaron el “aserejé” y nos simularon pases de pecho de toreros con su correspondiente “olé”.

El Jardín de Piedras es un lugar que desprende paz, los visitantes se sientan cerca del mismo y nadie habla, todo el mundo se queda como hipnotizado mirando esta curiosa concepción de jardín. En el recinto también existen jardines tradicionales, templos y un pequeño estanque, todo muy bien cuidado, limpio y ordenado.

Kyoto es una ciudad que apenas tuvimos tiempo de visitar, a las cinco cerraban todos los lugares de interés y no pudimos ver ningún otro sitio por lo que nos dedicamos a caminar por la ciudad.

Entramos en una sala de Pachinko (para quien no lo sepa, en Japón están prohibidos los juegos de azar en los que el premio sea dinero) el Pachinko podría ser como una máquina tragaperras pero en la que juegas con bolitas de acero. Cambias tu dinero por bolitas, las hechas en la máquina y dependiendo si las introduces por el sitio correcto, te tocan más bolitas. Cuantas más consigas, mejor ya que luego estas las puedes cambiar por distintos premios, (en la parte trasera de todos estos locales existe una ventanilla donde te lo cambian por dinero, nosotros no buscamos dicho lugar).

El juego tiene dinámica que en parte tiene que ver con el azar y en otra con la habilidad del que lanza las bolitas, nosotros jugamos 1000 yenes para pasar el rato y las pocas bolitas que obtuvimos de premio las canjeamos por dulces.

Poco después de nuestra experiencia con el Pachinko fuimos al Hostal y descansamos un rato antes de la cena, cenamos un poco y nos fuimos a la cama.

Con la excitación de sabernos en un país tan distinto y con ganas de conocer más nos entró un poco de insomnio y decidimos conocer Kyoto por la noche, al no haber podido ver todo lo que nos ofrecía dicha ciudad por el día quizá por la noche el ambiente fuera distinto.

Próximo capítulo.... Kyoto noche, Nara y de camino a Hiroshima.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Txomin Vega
Fotos: Alberto Mas, Sergio Hernández, Álvaro Martín,
Daniel Méndez, Gerardo Tagarro y Txomin Vega.