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Por la noche
salimos sin rumbo fijo a dar
una vuelta por Kyoto. Nuestra
primera parada fue en una tienda
de 24h, los dependientes se
quedaron un tanto extrañados
a ver a un grupo de gaijines
comprando a altas horas de la
madrugada, no en vano eran las
3 de la mañana. Nos compramos
algo de comer (sándwich
de Yakisoba y refresco) y nos
hicimos unas fotos con los amables
dependientes.
Seguimos nuestro
camino hasta la estación
pero debíamos estar en
la zona equivocada, no encontramos
ningún bar ni discoteca,
nuestra escapada nocturna se
limitó a un paseo. Cuando
ya volvíamos a nuestro
hostal, unas cuantos adolescentes
japoneses (chicos y chicas)
nos saludaron desde varias habitación
de un hotel, les devolvimos
el saludo y nos fuimos a la
cama. Al día siguiente,
última noche en Kyoto
encontramos dos locales que
describiremos más adelante.
Nos levantamos
temprano y fuimos a la estación
de tren de Kyoto, antes de nada
nos pasamos por correos para
comprar postales y sellos para
enviarlas a nuestros familiares,
las postales no hizo falta que
las comprásemos ya que
directamente nos las regalaron,
los sellos sí que tuvimos
que pagarlos pero lo hicimos
gustosamente ya que los necesitábamos
y para mayor satisfacción
personal eran de Mazinger Z.
Subimos al
tren que nos llevaría
a Nara haciendo uso de nuestro
Japan Rail Pass y se nos indicó
que en 50 minutos llegaríamos
a dicha ciudad.
El viaje en
tren a Nara se nos hizo muy
corto, como siempre íbamos
charlando en el tren y admirando
el paisaje, tan distinto de
lo que conocemos. El tren era
de los más modestos en
los que montamos en toda nuestra
estancia pero aún así
estaba muy bien.
Llegamos a
Nara y preguntamos en la oficina
de turismo que hay en la propia
estación, con la amabilidad
que caracteriza a los japoneses,
nos dieron un plano en español
(increíble) y nos dirigimos
a la zona de los templos después
de que nos indicaran el camino,
no en vano Nara es famosa por
sus templos, al igual que por
la cantidad de ciervos que viven
en libertad en dicha zona.
De camino
a la zona de los templos pasamos
por una zona llena de locales
comerciales, con tiendas de
recuerdos e infinidad de souvenirs.
Vimos la Kitty típica
de la ciudad que va vestida
de ciervo, como no. Hello Kitty
es uno de los símbolos
del país, cada ciudad
tiene su gatita representativa,
la verdad es que en esto del
marketing los japoneses saben
lo que hacen.
Nos detuvimos
en alguna que otra tienda pensando
en regalos para nuestros familiares
y también entramos en
la típica sala de juegos
recreativos. Nos llamaba la
atención ver cómo
eran los juegos a los que jugaban
allí y nos llevamos una
pequeña decepción
ya que eran muy similares a
los de España. Salvo
la máquina de los tambores
(tenía que seguir el
ritmo de una canción)
o la guitarra (mismo mecanismo
que el tambor) o una de fútbol
que comprabas sobres de fichas
de jugadores, que llevan un
chip con los datos del mismo,
y colocas en un campo de fútbol
virtual y haces como de entrenador,
las demás eran las mismas
que aquí o muy parecidas.
También jugamos a una
maquinita de habilidad para
ganar premios y... ganamos 200
llaveros de ositos, nos alegramos
mucho y los ositos eran muy
graciosos.
Después
del vicio tomamos contacto con
los primeros ciervos en libertad,
la verdad es que son la mar
de sociables, y si compras algo
de comida, mucho más.
La zona de
los templos budistas y shintoístas
es enorme y está ubicada
en el pequeño bosque
de Kasugayama y se denomina
parque de Nara, hay 22 templos
en total y todo el camino se
hace en un entorno natural,
rodeado de ciervos y las famosas
linternas (son una especie de
pequeñas columnas con
en la que la parte superior
se ubica un cabecero de cuatro
lados y donde se introduce una
vela encendida, una vez colocada
dentro se tapan los orificios
de los cuatro lados con papel).
Disfrutamos
mucho caminando en ese paraje,
vimos varios templos, no voy
a describirlos todos ya que
visto uno, casi vistos todos.
Cada uno tiene su encanto y
características especiales,
pero se parecen mucho los unos
a los otros. Podemos destacar
el Templo Kofukuji (710), patrimonio
histórico mundial y famoso
por su pagoda de cinco pisos
(símbolo de Nara).
El templo
de Todaji, que es la mayor construcción
de madera del mundo o el templo
Hoyuji que conserva la estructura
de madera más antigua
del mundo son de lo mas representativos,
además de ser todos ellos
Patrimonio Histórico
Mundial, desde éste último
puedes disfrutar de unas vistas
preciosas de toda la ciudad.
Fue curioso
que en uno de los templos, creo
que en el Hokkeji, había
jóvenes ataviados con
ropas tradicionales y nos nos
dejaron fotografiarles, visitamos
también varias tiendas
de souvenirs donde compramos
algunas cosas. También
encontramos a una mujer haciendo
penitencia subiendo y bajando
escalera como una loca en el
templo de Todaji.
Uno de las
visitas más representativas
de la zona, el gran Buda de
Nara (de hecho, el más
grande del mundo) nos quedamos
sin verlo, imperdonable por
nuestra parte.
Durante nuestra
estancia nos encontramos con
una señora americana
que hablaba español y
que se nos adosó gran
parte del camino, era simpática
pero cuando nos seguía
hasta los restaurantes pues
no hacía mucha gracia.
La llegamos a bautizar como
las trillizas, y el motivo del
nombre es porque no sólo
la vimos en Nara, ya seguiremos
hablando de este personaje a
lo largo del viaje.
Cuando nos
dirigíamos hacia la zona
de los restaurantes para comer
nos cruzamos con un colegio,
niños pequeños
todos uniformados, obviamente
no pudimos resistirnos a sacar
algunas fotos. También
nos cruzamos con un instituto
y sacamos los colores a la pobre
niña japonesa con la
que nos fotografiamos.
También
nos sucedió lo contrario,
un grupo de chicas japonesas
nos pararon para hacerse fotos
con nosotros, por nuestra parte,
encantados de la vida, aunque
tenemos que reconocer que la
japonesa media es más
bien fea.
Comimos algo
rápido mientras algunos
de nosotros revelábamos
las fotos y nos dirigimos de
nuevo en tren hacia Kyoto, Nara
había sido una visita
muy interesante pero un poco
repetitiva en el sentido que
te pasas el día entero
viendo templos, y unos pocos
gusta pero tantos seguidos puede
llegar a cansar.
El camino
de vuelta coincidió con
la salida de los colegios e
institutos y el tren se llenó
de estudiantes y realmente vimos
una chica muy guapa, de las
pocas con las que topamos en
el viaje, por lo tanto le hicimos
una foto, se puso un poco colorada
pero acepto con una sonrisa.
Para la cena
decidimos ir a un supermercado
y comprar algo de comida a la
vez que dar una vuelta. Cada
uno eligió su menú,
yo soy un amante del sushi y
me compré dos bandejas
a muy buen precio, 450 yenes
cada una (unos 3.60€).
Nos fuimos al hostal a cenar
ya que tenía una zona
habilitada para ello y después
de ducharnos decidimos probar
suerte una vez más a
ver si encontrábamos
algún lugar animado para
tomar algo.
De nuevo sin
rumbo fijo empezamos a caminar
y llegamos a una especie de
pub, éramos los únicos
clientes, bebimos algo, jugamos
a los dardos y nos fuimos ya
que nos sentíamos un
tanto ridículos ya que
queríamos algo más
concurrido. Seguimos dando vueltas
sin ninguna dirección
y descubrimos que muchos jóvenes
entraban a un local, ya era
la una de la madrugada y decidimos
probar suerte. El sitio en cuestión
era un karaoke y estaba atestado
de gente a pesar de ser un día
entre semana. Los karaokes en
Japón son algo distintos
a los que conocemos en España,
allí te dejan una sala
para ti y tus amigos, sin que
nadie te moleste, te puedes
comunicar con la recepción
por teléfono para pedir
comida y bebida y el libro de
canciones es inmenso, tienen
de todo. Incluso en la sala
había unas maracas y
una pandereta. La verdad es
que pasamos un buen rato. Dos
horas más tarde abandonamos
el karaoke y nos fuimos a acostar,
al día siguiente nos
encaminábamos hacia Hiroshima
y Miyajima. Kyoto nos había
gustado pero sabíamos
que muchas de las cosas interesantes
se nos quedaban en el tintero,
yo me he hecho la firme promesa
de volver a esta ciudad.
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