Principal / Escapada / Japón IV

JAPÓN

Capítulo 4 Hiroshima, Mijayima

Tristes por abandonar una ciudad en la que sabíamos que muchas cosas no las pudimos ver, encaminamos nuestros pasos hacia el nuevo destino, Hiroshima.

La mañana nos recibió con un cielo nublado pero calurosa, recogimos todos nuestras cosas del hostal y pusimos rumbo a la estación de tren.

Como no habíamos desayunado compramos comida en la estación de tren y buscamos el Shinkansen que nos llevaría a Hiroshima. De nuevo en el tren el tiempo pasó volando y llegamos a nuestro destino como siempre un poco perdidos, en esta ocasión con el agravante de tener que ir al alojamiento (esta vez era el Hiroshima Youth Hostel, lo más cutre de nuestra estancia, pero esos detalles los dejaremos para luego).

Empezamos a buscar el autobús que nos llevara hasta el albergue, pero no lo encontrábamos.

Creímos que todos nuestros males se iban a solucionar cuando cerca de la estación de trenes vimos una oficina de turismo, como siempre nos equivocábamos. La amable señora que nos atendió puso toda su buena voluntad, pero vamos, que tenía la misma idea de inglés que nosotros de japonés, hicimos mil preguntas pero era inútil. Se nos ocurrió preguntar si existía un bono de 10 viajes para el autobús (ya que no eran de la compañía JR los que teníamos que coger para ir al albergue), pero aparte de risas no obtuvimos otra respuesta.

Fuimos a la parada de autobuses de nuevo y una chica joven nos indicó donde se encontraba nuestro autobús, por fin llegaríamos al albergue.

Al bajar del transporte no había rastro del alojamiento, haciendo un ejercicio de imaginación interpretamos el mapa que sacamos de internet para llegar y lo conseguimos. Subimos una colina para llegar al albergue, muy pintoresco todo porque pasamos frente a un instituto y un cementerio antes de alcanzar el sitio.

El albergue era un poco tenebroso, se notaba que era un edificio viejo. A pesar de ser grande, estaba muy descuidado y no especialmente limpio. Había varias salas vacías y los retretes eran de los que invitaban a entrar solamente en caso de extrema necesidad, las duchas estaban algo más decentes aunque en las cortinas del baño encontramos una cucaracha gigante. En la recepción había un par de ordenadores con internet, y varias máquinas con comida y bebida.

Tras dejar el equipaje en nuestra habitación, que tenía 3 literas, nos dirigimos a dar una vuelta por la ciudad y camino al Parque de la Paz y El Museo de la Bomba Atómica.

Hiroshima tiene su encanto, a pesar de haber sido brutalmente devastada, la ciudad se ha repuesto y ha salido adelante, está claro que lo ocurrido el 6 de agosto de 1945 marcó a esta ciudad (y país) para siempre. Caminando por sus calles vimos tranvías, galería comerciales, mucha gente en las calles y comprendimos que es una gran ciudad que ha resurgido de uno de los mayores ataque sufridos jamás.

Paseamos un poco embobados mirándolo todo y llegamos hasta una galería comercial enorme. A cada paso que dábamos encontrábamos algo que nos llamaba la atención. Primero fueron tiendas con productos típicos de Japón, kimonos, yukatas, paipais...etc. Luego tiendas de comida y por último tiendas de manga y juguetes, eso fue nuestra perdición. No paramos de alucinar con la cantidad de cosas que nos hubiésemos comprado, aunque no todos lo presentes sentíamos la misma fascinación por estos productos, la mayoría picó y algo se compró. De nuevo fuimos conscientes de lo importante que es la entonación a la hora de hablar japonés. En la tienda de mangas fuimos a pedir un ejemplar de una serie que se estaba publicando en España pero que obviamente allí llevaba unos cuantos números de adelanto. Hasta que nos entendieron las pasamos canutas, pero al final y después de escribir el nombre de la serie en un papel nos llevaron hasta la estantería donde se encontraba dicho manga. Aunque no tenía ni comparación con Mandarake de Tokio, la verdad es que la tienda era enorme y estuvimos un bastante tiempo dando vueltas.

Cuando saciamos todas nuestros deseos consumistas decidimos que era la hora de la comida y empezamos a buscar un lugar donde saciar el hambre que empezaba a hacer estragos en los presentes.

En esta ocasión antes de ir a comer alguien tuvo la feliz idea de entrar a un centro comercial para “mirar” una cosa antes de comer. Todos protestamos pero acabamos entrando en el recinto en cuestión. Dio la casualidad que en la primera planta había un restaurante tipo “self service”. Nos pusimos como locos. Lo bueno de ir tantas personas es que elegimos muchos platos distintos para luego compartirlos entre todos. La comida estaba muy buena y estuvimos mucho tiempo comiendo y haciendo sobremesa.

La siguiente parada sería el Parque de la Paz y sus alrededores, incluyendo el Museo de la Bomba Atómica. Un lugar que no deja indiferente a nadie y en el que pudimos comprobar de primera mano la magnitud del desastre y la estupidez del ser humano, la cual no tiene límites.

Llegar hasta el parque conmemorativo de la Paz (Heiwa Kinen-koen) es realmente una clara advertencia para las generaciones del futuro sobre lo que no debe volver a ocurrir. En el parque se encuentra el Museo conmemorativo de la Paz (Heiwa Kinen Shiryokan). El famoso esqueleto de edificio que estaba muy cercano a la explosión de “little boy” y que se llama Hiroshima Dome (Genbaku Domu). También podremos encontrar la Llama de la Paz (Heiwa no To) que seguirá ardiendo mientras existan armas nucleares y el Monumento Infantil de la Paz (Genbaku no Ko no zo).

Pasear por este entorno hace que el odio desparezca de raíz y entrar en el museo es una experiencia que recomiendo a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad. Las maquetas de cómo era la ciudad y como quedó, las fotos con la gente afectada, los objetos recuperados... etc, en definitiva, una masacre que no debería volver a ocurrir jamás, en ningún punto del planeta. La entrada al museo si mal no recuerdo son 100 yenes, un precio insignificante que invita a pasar a la sala de los horrores.

En el museo hay videos con testimonios de los afectados e imágenes de la explosión y tomadas poco después de la misma. Al salir hay un libro de firmas en el que dejamos plasmados nuestros deseos de paz y nuestro firme deseo de que no vuelva a ocurrir semejante atrocidad.

Salimos un tanto afectados y nos dirigimos al albergue para tomar una ducha y cenar. Lo del albergue era toda una aventura ya que como he dicho estaba apartado del mundo, esa noche llovió un poco y después de cenar en un restaurante cercano nos quedamos jugando a las cartas. A la mañana siguiente nos esperaba Mijayima... (continuará)