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ROTHEMBURGO

AYER, HOY, SIEMPRE

¿Alguna vez os gustaría sentiros como si estuvierais en el medievo?. ¿Difícil, no?. No tanto. En el sur de Alemania, cerca de Nuremberg, se ubica un pueblo único, mágico, maravilloso: Rothemburg ob der Tauber (no confundir porque hay otros con idéntico toponímico en su origen). Si no fuera por los coches y los turistas un paseo por sus calles conllevaría el temor a escuchar desde alguna casa el otrora famoso grito de “!Agua va!”.

Cualquier calificativo es poco ante tamaña belleza. Atravesar su muralla te sumerge en otro tiempo. Podríamos detallar edificio por edificio ya que ninguno tiene desperdicio, mas la premura de espacio lo impide. Por ello, intentaré ser conciso con lo mejor de lo mejor.

El centro de la urbe lo ocupa la Plaza del Mercado (Marktplatz). Rodeada de casas que pertenecían a la nobleza, fue escenario de los acontecimientos más importantes de Rothemburgo. En ella se encuentra el Ayuntamiento, de construcción fundamentalmente renacentista con su parte trasera gótica. En su interior, la travesía del vestíbulo nos deleita con los blasones de las familias patricias locales hasta llegar al Salón Imperial con un magnífico relieve labrado en piedra del Juicio Final. En la misma plaza, la más requerida atracción: La Taberna De Los Concejales coronada por un reloj donde, 6 veces al día, aparecen en las ventanas que lo franquean los protagonistas del “Trago Maestro”.

Cuenta la leyenda que cuando la ciudad cayó en 1631, durante la Guerra de los 30 años, el general Tilly de las tropas imperiales ordenó que fuera saqueada y destruida en breve. Al día siguiente, el bodeguero de la taberna le ofreció, en señal de bienvenida, una gran copa de vino de Franconia de 3 litros y un cuarto. Tilly se sorprendió y proclamó estar dispuesto a indultar a la ciudad si uno de los concejales que iban a ser ajusticiados la vaciaba de un trago. El burgomaestre Nusch lo consiguió tras emplear diez minutos. Luego se pasó tres días durmiendo pero había merecido la pena. Genial historia.

En el centro de la plaza no hay que dejar de mencionar la Fuente de San Jorge (Herterichsbrunnen) con una estatua del héroe matando al dragón. Hablando del líquido elemento, tengo una anécdota gloriosa. El día en que estuve, el termómetro pasaba de los 40º, sin exagerar. Era un domingo al mediodía y, salvo los restaurantes, todo estaba cerrado. El caso es que en la plaza había un caño del que manaba agua. El problema es que un cartel en varios idiomas te anunciaba su no potabilidad. Mas el calor era tan insoportable que unos cuantos nos arriesgamos a una colitis antes de sufrir un proceso de deshidratación. La cola era de unas 12 personas. ¿Os imagináis la nacionalidad de todas ellas?. Españoles, of course, que nos acurrucábamos en la única sombra que existía en la calle. Las risas que nos echamos fueron de órdago porque cada uno venía de un sitio diferente y nadie se conocía pero donde hay riesgo e imprudencia bien entendida, ahí estamos los de la península ibérica.

Próxima a la zona está la Iglesia de Santiago (Jakobskirche), construida en estilo gótico, cuyas obras duraron 100 años. Es perfecto ejemplo de arquitectura de finales de la Edad Media: Esbeltos ventanales, contrafuertes y dos torres que parece buscaran el cielo. En el interior del templo, dos joyas: El Altar de los Doce Apóstoles, relicario con tallas en madera; y el Altar de la Sagrada Sangre donde, según la tradición, se encuentra una cápsula de cristal de roca con tres gotas de la sangre de Cristo (?). Ya podían aprender muchas catedrales de grandes aglomeraciones populares de esta magnífica iglesia de un pueblecito de, escasamente, 13000 habitantes.

A partir de aquí el objetivo es abarcar todo Rothemburgo. Daremos algunas pistas, siempre con la Plaza del Mercado de referencia. Al sur, merece la pena el Museo Criminal con una amplia gama de instrumentos de ejecución de la pena capital desde el hacha del verdugo hasta la Iron Maiden (que no se refiere al grupo musical). Unos cuantos metros más abajo, llegamos a la Plazoleta (Plönlein) donde podemos elegir salir de la muralla hacia el Viaducto o continuar nuestro camino, atravesar la Torre Siebersturm y llegar al Barrio del Hospital presidido por su imponente Bastión, baluarte de la fortificación de Rothemburgo.

Al este, en el límite de la localidad, están la Torre de San Marcos y el Arco Röder, que componen la parte más antigua de la muralla. Asimismo, podemos visitar la Antigua Casa de Artesanía que se conserva prácticamente intacta respecto a su concepción original de 1270 con un aljibe de 14 metros de profundidad que todavía hoy sería suficiente para asegurar el abastecimiento de agua.

La zona norte de la ciudad es la más extensa aunque su interés puntual se concentra en el noroeste con la Torre de Castigo (Strafturm) donde, 7 siglos ha, los ciudadanos cumplían condena por delitos menores, la Iglesia de San Wolfgang, cuyo muro exterior sirve también de fortificación, y el Museo del Convento de las Dominicas, donde se halla el cuadro “La Pasión Rothemburguesa”, ciclo de doce tablas con escenas de la Pasión de Cristo.

Para concluir, al oeste de la Plaza del Mercado, atravesando la torre más antigua de la urbe, disfrutaremos de los Jardines del Castillo. Aunque no hay castillo por ningún sitio (un terremoto lo destruyó en 1356) , el paseo por aquí se torna en una explosión de colores por la magnificencia florar del recinto. Desde el extremo, se observa el verdor del coqueto valle del Tauber, el ya mencionado viaducto y la Iglesia Kobolzeller, todo en el exterior del recinto amurallado.

Esta es, tan sólo, una breve aproximación a uno de los lugares más increíbles que he tenido la oportunidad de descubrir. Es muy pequeñito, no tardas demasiado en rodearlo pero, si te fijas en todos los detalles de Rothemburgo con atención, te podrías pasar la vida entera.