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EL CASO DEL VELO
PÉTILLON (NORMA EDITORIAL)

Ni Pétillon, el creador de este cómic, ni Jack Palmer, el chaparro detective de gabán hasta los tobillos, son nuevos en Francia, donde tanto el uno como el otro son instituciones. No ocurre lo mismo en España, donde se edita por vez primera una obra del dibujante francés.

La obra cuenta las dificultades de una familia para encontrar a su descarriada hija en medio de la sociedad musulmana de Francia, donde el islam constituye la segunda religión mayoritaria, como bien dice la faja que acompaña al libro. Pétillon, asegura la nota biográfica de Norma Editorial, es un gran discípulo del humor de los hermanos Marx. Sin embargo, es difícil estar de acuerdo si juzgamos desde el punto de vista de esta única obra. Más bien, yo me inclino por comparar la trama con el divertidísimo cine de la screwball comedy, películas donde primaba la confusión y los arrebatos de cinismo revelador, los giros argumentales más desternillantes y el juego con la confusión, tanto del espectador como de los mismos protagonistas.

Es difícil hacer un augurio sobre el éxito de El caso del velo en un mercado editorial como el español. A la luz de los cambios que se están produciendo tanto en Francia (a la vista están los altercados a raíz de la reforma de la ley de desempleo) como en España, no sería de extrañar que lo que se relata en el comic de Pétillon dejara de ser extraño para convertirse en algo más comprensible.

Gran parte de las disputas de los personajes musulmanes parece, sin embargo, demasiado ajena. Lo que salva la obra es su sentido de la ironía, que reflejan mejor los personajes secundarios que el que se supone el protagonista, el detective Jack Palmer, al que he encontrado bastante desangelado. Son la histérica madre de la joven desaparecida, o el imán moderado que teme que los extremistas ocupen su mezquita, quienes le dan la sal a esta historia.

Pétillon nos ofrece un retrato de la sociedad musulmana como grupo en conflicto, esencialmente incomprendido por quienes viven al margen de ella e incluso por miembros de su propia sociedad. Es una cultura aún por encontrar su equilibrio, laberíntica. Y es en su interior donde los padres de la chica, estereotípicos burgueses, no saben encontrar el camino que conduzca a su hija.

El radicalismo islámico también hace su aparición en El caso del velo, de manera sobre todo cómica y haciendo hincapié sobre todo en extremos a los que se trata de desvincular de la religión; como si Pétillon intentara decirnos que un mechón de pelo que asoma bajo un pañuelo no puede hacer de nadie peor religioso. Me parece difícil darle la razón al periodista de La Vanguardia que se cita en la faja publicitaria del libro y que afirma: «El último álbum de Pétillon hace reír a musulmanes moderados e integristas». Que pueda hacer reír a los moderados no me cabe la menor duda, porque su sentido de la ironía es lo bastante universal para ser disfrutado por muchos. Sin embargo, no creo que el humor o la sana autocrítica estén entre las virtudes de los integristas (si alguna tienen).

Probablemente sabiendo lo difícil que es manejar un tema como el que se atreve a tratar, Pétillon usa un buen giro argumental para evitar desarrollar algunas de las disputas entre los musulmanes moderados y los integristas. Lo que más me ha gustado del libro, con diferencia, es que todos los personajes comparten, pese a diferencias culturales obvias, el problema de la uniformidad, de la desaparición del individuo en el grupo que se supone le tiene que dar sentido. Hay un riesgo permanente de que la sociedad acabe ninguneando al individuo que, curiosamente, no es nada tampoco sin ella.

 

Ismael Gómez