| El
primer contacto que tuve con Carlos Giménez se
remonta a mi infancia. Todavía recuerdo esas
páginas grapadas que se incluían con suplemento
dominical del diario El País y que hacían
referencia a los tebeos. En ellas descubrí algunos
fragmentos de su obra Paracuellos y me llamó
la atención tanto el dibujo como las historias
realistas que narraba. A pesar de que le perdí
la pista durante varios años me alegro de haberla
retomado tiempo después.
Los cuentos del tío Pablo es
una recopilación de historietas que se divide
en varios apartados:
El primero son las historias de Flanagan,
un vigilante de seguridad al que le ocurren mil peripecias
y donde el autor da rienda suelta a su faceta más
cómica.
Otro de los apartados son historias
inéditas que el autor realizó para varias
revistas. En ellas Giménez nos da su personal
punto de vista sobre aspectos tan cotidianos como la
religión, la política, el consumismo…etc.
El último de ellos son las historietas
de Barrio donde descubrimos la vocación del autor
como cronista social de una época y donde revive
sus recuerdos más tempranos. En las páginas
del cómic el autor plasma de manera magistral
como era la España del régimen, con que
se divertían los niños, como se comportaba
la sociedad ante temas como el sexo, el machismo reinante
y muchas más situaciones que Giménez rescata
de sus recuerdos de niñez, asemejándose
de alguna manera al género que se denomina slice
of life (trozos de vida) pero de manera retrospectiva.
Leer a este tipo de obras es un ejercicio
histórico que nos ayuda a comprender como era
el país en el que vivimos y comprobar en que
aspectos hemos avanzado y en cuales seguimos lamentablemente
un tanto anclados en el pasado.
El cómic se presenta en formato
cartoné, cuenta con 96 páginas en blanco
y negro y una edición bastante buena.
Personalmente me encanta Carlos Giménez,
tanto como dibujante, como narrador, sin duda cualquiera
de sus obras será un acierto seguro si deciden
adquirirla.
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