| Que
el reputado Katsuhiro Otomo se haya fijado en este manga
para hacer una película de imagen real añade,
sin lugar a dudas,que se despierte el interés
por Mushi- shi.
Nos encontramos ante una creación
distinta, la temática en la que discurre la obra
es poco habitual y aunque sabemos que los japoneses
son amantes de los temas espirituales es posible que
los lectores españoles no estemos preparados
para argumentos que giran en torno a estos asuntos,
auqnue todo es darle una oportinidad.
El protagonista, Ginko, es un ser solitario
que deambula de un lado para otro en busca de “insectos”.
Dichos insectos son unos seres sobrenaturales que provocan
enfermedades en los humanos que la medicina convencional
no puede curar. Ginko es un maestro de insectos y con
su habilidad para desacerse de ellos con una mezcla
de medicina y técnicas milenarias ayuda a todos
los que se encuentran afectados por los malvados seres.
El autor al principio no concebía
Mushi-shi como una obra larga, pero poco a poco fue
cogiendo fuerza la idea de continuar con las historias
de Ginko. El tomo se encuentra dividido en historias
cortas que dotan de dinamismo a la lectura y por lo
tanto el lector agradece que las pausas en la lectura
que esto conlleva. Como todas las obras con varias historias
cortas (aunque todas estén relacionadas con el
mismo tema) unas se hacen más amenas que otras.
El dibujo es muy personal, se aleja
un poco de los cánones que conocemos dentro del
manga y está cercano al realismo aunque el autor
siempre deja detalles de su estilo particular.
Es posible que a priori la propuesta
de Mushi-shi pueda sonar un tanto arriesgada, según
nos adentramos en el mundo de Urushibara vamos enganchándonos
de las peculiares enfermedades que afectan a los contaminados
por los malvados “insectos”.
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