| La
editorial Planeta nos presenta un manga que contiene
una gran cantidad de elementos interesantes.
En primer lugar su autor, Osamu Tezuka,
considerado el “dios del manga” y del que
se han publicado muchas de sus creaciones en nuestro
país.
Por otro lado la temática de
la obra: corrupción, violencia, religión,
sexo, zoofilia, homosexualidad...etc, elementos que
a día de hoy aún siguen siendo un tanto
tabú pero que se toleran con mayor facilidad,
lo que me deja fascinado es que dicho manga es de los
años setenta.
Ignoraba que temas tan comprometidos
se llegaran a publicar en esas fechas. Todo ese cóctel
de elementos tiene un resultado brillante, de hecho
no parece un manga de los setenta, más bien parece
contemporáneo.
El argumento de la obra cuenta como
por accidente un empleado de banca estuvo expuesto al
gas MW junto a otro de los protagonistas, el padre Garai,
quince años atrás en la isla de Okinomafune.
El religioso salió ileso de dicho percance, pero
Yuki, que así se llama el sujeto en cuestión,
sufre alteraciones de personalidad y se convierte en
una persona sin escrúpulos, capaz de cualquier
cosa para conseguir sus objetivos.
Nos encontramos ante un villano temible
que comete un sinfín de atrocidades y al mismo
tiempo se codea con la clase política, la cual
es presentada como un gremio en el que reina la corrupción.
Tezuka quiso plasmar en su obra los escándalos
políticos que salpicaban el país por aquel
entonces. También existe un choque de caracteres
entre el padre Garai, que anteriormente era un joven
delincuente que se redime y se ordena sacerdote y Yuki,
que es el mal personificado. La relación entre
ambos personajes es muy interesante y esta plagada de
sorpresas, al mismo tiempo que el padre Garai tiene
sus problemas con Yuki, también mantiene una
lucha interna consigo mismo.
El autor quiso profundizar en las
miserias del ser humano con este manga. Nos encontramos
ante una obra que puede herir la sensibilidad de algunas
personas y que sin duda está orientada al público
adulto. Es curioso el comentario que se incluye al final
de la obra en la que el autor pide perdón por
su torpeza y no cumplir los objetivos que se había
marcado en un principio, está claro que los genios
son los más modestos y los que gozan de mayor
autocrítica.
El único comentario subjetivo
que puede haber al respecto es el estilo del dibujo
de Tezuka. Resulta demasiado infantil, queda un poco
fuera de contexto con el resto de la obra y es posible
que pueda resultar un tanto chocante, pero teniendo
en cuenta de quién estamos hablando... es un
detalle insignificante.
La obra se nos presenta en un único
tomo que visto de canto parece un ejemplar de “Las
Páginas Amarillas” debido a su grosor (592
páginas). La edición de Planeta esta bastante
bien y todos aquellos que sean amantes del manga al
menos deberían leer una obra de su autor más
importante. Seguramente MW sea un buen comienzo para
adentrarse en los mangas de Osamu Tezuka.
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