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obra que nos ocupa se la podría considerar de
obligada lectura, tanto si eres amante de los cómics
como si no. Abalada por el Premio de la crítica
francesa al mejor cómic del 2007, Río
Abajo nos cuenta la historia de Émile, un anciano
que tiene una vida rutinaria. Sus días se resumen
en ir a pescar y pasar el rato en el bar de turno con
el grupo de amigos. Todo su mundo cambia cuando antes
de fallecer repentinamente, su compañero de pesca,
le cuenta que va a una agencia de contactos y tiene
citas con señoras de sus misma edad y que se
ha aficionado a la pintura y sus citas hacen las veces
de modelo y las pinta desnudas.
Tras la muerte de su compañero
de pesca Émile se replantea su situación
de anciano rutinario y comienza a querer vivir la vida
de otra manera, quizá de la forma que siempre
le hubiese gustado, lo que tiene claro es que lo que
le queda de vida no va a limitarse a la pesca y el bar.
Según avanza la historia vemos como el protagonista
se ve envuelto en situaciones que jamás hubiese
imaginado y que le dan fuerzas para querer seguir viviendo
de esta nueva manera.
El dibujo de la obra es muy personal,
no destaca por ser muy detallista pero se ajusta como
un guante a la narración. Destacan la gama de
colores de las escenas de penumbra y las que están
iluminadas por la luz de una chimenea. También
es muy significativo el sombreado que emplea Rabaté,
siempre con líneas muy separadas y en ocasiones
entrecruzadas entre sí.
Una historia llena de vitalidad, amablemente
narrada, con un personaje central entrañable
y que tiene un mensaje muy positivo. Es posible que
la situación del protagonista esté muy
presente entre nosotros pero al no ser unos ancianos
aún no nos hemos planteado cómo será
nuestra vida a esa edad. La historia de Émile
es un ejemplo a seguir, simplemente por las ganas de
cambiar y sobre todo... de vivir.
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