| Apelando
a la nostalgia y reviviendo los momentos cuando me sentaba
por las mañanas frente a la televisión
antes de ir al colegio... recuerdo que nunca me perdía
una serie de animación de la cual aún
conservo capítulos grabados en un formato casi
obsoleto como es el Betamax. Dicha serie en cuestión
era Transformers, una recreación de la eterna
lucha entre el bien y el mal encarnada en esta ocasión
por dos grupos de robots que se transformaban en diversos
objetos. Los buenos (Autobots) comandados por Optimus
Prime y los malos (Decepticons) liderados por Megatrón.
El concepto de los rotobs transformables, y por consiguiente
de los cómics y la serie de animación,
nació a raíz de un acuerdo comercial entre
Japón y Estados Unidos en 1984. Por suerte más
de veinte años después seguimos disfrutando
los Autobots y Decepticons.
La editorial Norma saca del letargo
a mi memoria y edita las nuevas aventuras de los Transformes
con el subtítulo de “La nueva generación.”
En el primer número se nos cuenta
como los Transformers iban a volver a su planeta de
origen, Cybertron, con un grupo de humanos. Un accidente
en la nave que les transportaba, la cual explota, se
convierte en una tragedia y en el supuesto fin de los
Transformers. El caso es que obviamente los robots no
han desaparecido y los primeros en ser encontrados quieren
ser utilizados por mentes malvadas como máquinas
de guerra al servicio de los humanos, como si fuesen
armas controladas por control remoto.
La historia sigue su curso y llega
el inevitable enfrentamiento entre los dos bandos enemigos.
Los humanos juegan un papel importante y el argumento
va ganando en interés e intensidad a medida que
se va desarrollando.
La verdad es que el planteamiento del
cómic se asemeja bastante al guión de
una película, quizá tenga algo que ver
con la que se va a estrenar en el 2007 (dirigida por
Michael Bay y producida por Steven Spielberg) o quizá
es que Chris Sarracenni ha planteado su historia de
esa manera.
Me gustaría destacar los dibujos
de Pat Lee, observándolos se puede certificar
que le gustan especialmente los robots ya que en algunas
viñetas llega recrearse. Dicha devoción
por las máquinas incide directamente en el lector
que a su vez disfruta del arte del autor, la causa-efecto
perfecta. Por otro lado también se aprecia una
clara influencia del manga en sus creaciones.
El primer número arranca muy
bien, esperemos que la serie se mantenga en esta línea.
Aunque sólo sea por el recuerdo, deberíamos
darles una oportunidad, Optimus Prime nunca nos ha fallado,
no le fallemos a él. |