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llegan a mis manos libros como 1280 Almas, encuentro
un sentido más a esto de escribir reseñas,
porque sé que, aunque torpemente, estoy recomendando
un libro que merece la pena leer. Gracias a un ilustre
boca a boca leí esta apasionante novela y de
paso descubrí a un personaje construido de una
forma extraordinariamente original y atractiva y a un
autor maldito, camino de convertirse en un referente
de culto.
Pero vamos por partes. 1280 almas es
una historia ubicada en un pequeña población
del Far West, en la que un sheriff vago y pusilánime
administra justicia a base de negligencia y pasividad.
Pero esa es sólo una primera impresión:
Nick Corey, el ínclito sheriff de Pottsville,
no deja de sorprender a lo largo de las doscientas páginas
de este relato. Jim Thompson concentra sus esfuerzos
en describirnos la mezquindad moral de este personaje.
Bajo la máscara de idiotez supina que porta cada
día el sheriff, se oculta un inquietante manipulador
dotado de una frialdad maquiavélica, que no obstante
tiene un punto simpático. El personaje lo es
todo en esta novela, pero además el lenguaje
que Jim Thompson emplea para describir sus hazañas
y el entorno es afilado, directo, sin reparar en remilgos
ni observar el puritanismo que podía imperar
en una época (años 60) en la que firmó
esta novela. Una novela negra como el alma del sheriff
y que parece regodearse en episodios violentos, siguiendo
esa estela de los relatos Pulp (crónicas de sucesos
noveladas), que Jim Thompson practicó en sus
incursiones periodísticas y que ahora están
tan de moda gracias a gente como Tarantino, que por
cierto engrosa las filas de los fans de Thompson.
Con las peripecias de Nick Corey me
he reído y asombrado casi a partes iguales. El
trato que el sheriff dispensa a sus amigos, enemigos
y amantes, sigue un patrón de comportamiento
difícil de predecir, aunque según avanza
la novela vas descubriendo algunas claves en la peculiar
psicología del protagonista, sobre todo gracias
a unos monólogos interiores que te atrapan por
completo. Esa aparente mascarada de incapacitado y pusilánime
que esconde debajo un ser calculador, esta construida
de un modo admirable y perfectamente resumida en la
frase preferida de Nick cuando entabla una discusión
con alguien: “no me atrevería a decir que
te equivocas, aunque tampoco podría darte la
razón”. El personaje de Nick es una caja
de sorpresas y es uno de los personajes más originales
que yo he visto en mucho tiempo. Y además siempre
me dio la sensación de que si Nick Corey hiciese
poesía, sería Bukowsky y Rose, su malhablada
amante, bien podría ejercer de musa.
No he leído nada más
de Jim Thompson (prometo hacerlo), pero he averiguado
que sus novelas tienen mucho que ver con este tono y
con las características que hacen de 1280 Almas
un libro único y trasgresor. Thompson fue en
vida un escritor maldito, marcado por un padre que también
era sheriff y tramposo como Nick, estigmatizado por
“caza de brujas” del senador McCarthy debido
a su pertenencia al Partido Comunista, y por una vida
llena de alcohol. No obstante escribió un buen
puñado de novelas negras y fue co-guionista de
un par de películas de Kubrick (Atraco Perfecto
y Senderos de Gloria). Algunas de sus novelas también
se convirtieron en películas, como La Huída,
dirigida por Sam Peckinpah y los Timadores de Stephen
Frears. Pero Thompson siempre fue un escritor fracasado,
olvidado y refugiado en el alcohol. Sobrevivió
escribiendo guiones para series de televisión
y con lo poco que le aportaban los derechos de sus novelas.
Dicen que murió con la premonición que
después de su muerte se haría famoso.
Y la predicción no fue descaminada.
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