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En 1865, Charles Dogson, profesor de
matemáticas en la Universidad de Oxford, publicó
Alicia en el País de las Maravillas bajo el seudónimo
de Lewis Carroll y probablemente nunca sospechó
que se convertiría en el libro inglés
más leído después de los escritos
por Shakespeare. En medio de la época victoriana,
de rígidas reglas morales, este experto en lógica
escribió un cuento para Alice, la niña
de doce años de la que estaba enamorado y a la
que había pedido en matrimonio.
Lo anterior sólo nos sirve para
ponernos en antecedentes. Alicia... es considerado un
cuento para niños, pero después de leerlo
se cambia de opinión radicalmente. En todo caso,
podría considerarse un cuento para el niño
que todo adulto lleva dentro. Está basado en
una continua ilógica capaz de marear a cualquiera,
y en dicha ilógica y en su ironía radica
su gracia.
Durante un paseo por el campo junto
a su hermana, Alicia caerá por el agujero de
una madriguera mientras persigue a un conejo que corre
agobiado porque llega tarde. Tras una larguísima
caída, irá viviendo todo tipo de aventuras
y desventuras junto a los más variados animalillos:
el conejo, un ratón, una colección de
pájaros de todo tipo, el famoso gato de Cheshire
que sonríe y desaparece a voluntad, una malhumorada
oruga...
Mientras, Alicia va cambiando de tamaño,
desde convertirse en un gigante, hasta ser tan pequeña
que casi desaparece. Todos estos cambios de tamaño,
siempre en los momentos más inoportunos, dejan
a Alicia desconcertada, pues cuando comienza a acostumbrarse
a su nuevo tamaño, otro proceso de metamorfosis
inicia su turno. Éste es uno de los principales
problemas que ha de afrontar, junto con los siempre
impertinentes animales que no paran de darle órdenes
durante todo el relato.
El colofón final lo pone la
baraja de cartas, con la reina de corazones al mando
y su omnipresente exclamación:' ¡que le
corten la cabeza!'. Ahí quedan la famosa partida
de críquet y el juicio final en el que se ridiculiza
a todo el sistema de justicia inglés, pelucas
incluidas.
Alicia es el único personaje
de todo el cuento que se comporta con una cordura y
una serenidad que contradicen su edad. De ahí,
que no pueda concebir este libro como un cuento para
niños, ya que difícilmente un niño
pueda identificarse con Alicia, quien tiene el mundo
patas arriba y no pierde los nervios más que
al comienzo de la historia, tras caer en la madriguera.
Lo fascinante es que tampoco un adulto puede identificarse
con ella, pues, a pesar de las contradicciones que vive,
nunca pierde la ilusión y las ganas de ver qué
va a ocurrir a continuación, cuál es la
sorpresa que le espera a la vuelta de la esquina. Aquí
se esconde la grandeza de Alicia, un personaje entre
dos mundos, el imaginario y el real, el de los diminutos
y el de los gigantes, el infantil y el adulto.
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