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Parece ser que Houllebcq es el nuevo
enfant terrible de las letras galas. Libros como Las
Partículas Elementales, Plataforma, La Posibilidad
de una Isla..., lo han elevado al olimpo de los grandes
malditos de la literatura. Pero todo empezó con
este Ampliación del Campo de Batalla, una novela
seca, lacerante, cuya garra se lanza si titubeos al
modo de vida contemporáneo, a la miseria envuelta
en civilización y tecnología que arrastran
los hombres del siglo XXI. En la propia novela el narrador
lo advierte “mi propósito no es hechizarte
con sutiles observaciones psicológicas. No ambiciono
arrancarte aplausos con mi sutileza y mi sentido del
humor (...)” y vaya si cumple sus promesas.
La narración en primera persona
de este hombre de 30 años que gana tres veces
el salario mínimo interprofesional (francés,
que no es lo mismo que el miserable estipendio mínimo
español), pero que padece de un desencantamiento
vital severo y una frialdad sobrecogedora, ya es capaz
de remover por dentro al lector, a pesar de los retazos
de ironía que Houllebecq hilvana por el camino.
Sin demasiadas concesiones, con un estilo descarnado,
asistimos al declive emocional de este desasosegante
personaje, un declive que no nos deja impertérritos
y que nos asoma al absurdo de la vida incluso cuando
se dan las mejores condiciones para vivir bien.
La novela parte de la premisa de que
el liberalismo económico ha ampliado su campo
de batalla hacia la esfera íntima de las personas,
cuya máxima expresión es un individualismo
que ha llegado al punto de afectar a las relaciones
humanas hasta casi hacerlas desaparecer. Y eso deja
un poso de hiel, especialmente concentrado en nuestro
joven personaje: “He vivido tan poco que tengo
tendencia a pensar que no voy a morir; parece inverosímil
que una vida humana se reduzca a tan poca cosa; uno
se imagina, a su pesar, que algo va a ocurrir tarde
o temprano. Craso error. Una vida puede muy bien ser
vacía y a la vez breve”.
Atrapado por el sistema, condicionado
por ese individualismo hermético sin visos de
luz al final del túnel, la rebeldía que
nos muestra Houllebecq se enquista y se interioriza
en el personaje, como un tumor en constante avance que
deja poco lugar para la esperanza. Ese último
poso amargo es el que nos queda tras finalizar esta
breve historia que huye de ciertos convencionalismos
literarios, con argumentación incluida: “la
forma novelesca no está concebida para retratar
la indiferencia, ni la nada”. Una afirmación
que más bien parece un reto superado en esta
Ampliación del Campo de Batalla y que ha creado
un a figura discutible y discutida en el ámbito
literario, pero que merece la pena conocer.
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