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AMPLIACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA
Michel Houllebecq (Editorial Anagrama – Panorama de Narrativas)

Parece ser que Houllebcq es el nuevo enfant terrible de las letras galas. Libros como Las Partículas Elementales, Plataforma, La Posibilidad de una Isla..., lo han elevado al olimpo de los grandes malditos de la literatura. Pero todo empezó con este Ampliación del Campo de Batalla, una novela seca, lacerante, cuya garra se lanza si titubeos al modo de vida contemporáneo, a la miseria envuelta en civilización y tecnología que arrastran los hombres del siglo XXI. En la propia novela el narrador lo advierte “mi propósito no es hechizarte con sutiles observaciones psicológicas. No ambiciono arrancarte aplausos con mi sutileza y mi sentido del humor (...)” y vaya si cumple sus promesas.

La narración en primera persona de este hombre de 30 años que gana tres veces el salario mínimo interprofesional (francés, que no es lo mismo que el miserable estipendio mínimo español), pero que padece de un desencantamiento vital severo y una frialdad sobrecogedora, ya es capaz de remover por dentro al lector, a pesar de los retazos de ironía que Houllebecq hilvana por el camino. Sin demasiadas concesiones, con un estilo descarnado, asistimos al declive emocional de este desasosegante personaje, un declive que no nos deja impertérritos y que nos asoma al absurdo de la vida incluso cuando se dan las mejores condiciones para vivir bien.

La novela parte de la premisa de que el liberalismo económico ha ampliado su campo de batalla hacia la esfera íntima de las personas, cuya máxima expresión es un individualismo que ha llegado al punto de afectar a las relaciones humanas hasta casi hacerlas desaparecer. Y eso deja un poso de hiel, especialmente concentrado en nuestro joven personaje: “He vivido tan poco que tengo tendencia a pensar que no voy a morir; parece inverosímil que una vida humana se reduzca a tan poca cosa; uno se imagina, a su pesar, que algo va a ocurrir tarde o temprano. Craso error. Una vida puede muy bien ser vacía y a la vez breve”.

Atrapado por el sistema, condicionado por ese individualismo hermético sin visos de luz al final del túnel, la rebeldía que nos muestra Houllebecq se enquista y se interioriza en el personaje, como un tumor en constante avance que deja poco lugar para la esperanza. Ese último poso amargo es el que nos queda tras finalizar esta breve historia que huye de ciertos convencionalismos literarios, con argumentación incluida: “la forma novelesca no está concebida para retratar la indiferencia, ni la nada”. Una afirmación que más bien parece un reto superado en esta Ampliación del Campo de Batalla y que ha creado un a figura discutible y discutida en el ámbito literario, pero que merece la pena conocer.