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20 de Enero de 1993, Edda Kathleen van Heemstra Hepburn-Ruston,
mundialmente conocida como Audrey Hepburn, fallece en
La Paisible, un magnífico retiro que la actriz
y su familia poseen en Suiza, donde suelen pasar los
veranos y algunas de las horas más felices de
su vida.
Junto a ella, Sean, el hijo que tuvo
con el actor Mel Ferrer, pasa lo que serán las
ultimas horas de la actriz después de varios
meses luchando contra un cáncer que pudo finalmente
arrebatarle la vida.
A partir de entonces y a lo largos
de todos estos años, ven la luz numerosos libros
en honor de su persona y entre todos estos libros, uno
muy significativo, el que escribió su propio
hijo Sean al poco de morir su madre y que titulará,
“Audrey Hepburn, an elegant spirit”.
Es un libro de recuerdos, un libro
en el que un hijo recuerda a su madre, un álbum
de familia con textos y fotos, documentos personales,
dibujos, anécdotas y reflexiones sobre lo que
fue la vida de esta mujer, la vida de Audrey mujer y
madre, dejando la Audrey actriz y estrella en un segundo,
tercer o último plano.
Es curioso hojear este libro porque
uno tiene la vaga sensación de estar hojeando
cualquier álbum familiar de esos que todos tenemos
en casa y que nuestras madres bien se encargan de nutrir
año tras año con los acontecimientos más
íntimos de nuestras vidas; la comunión
de la prima, las vacaciones en la sierra, las vacaciones
en la playa, la fiesta de cumpleaños, la fiesta
de Navidad y la fiesta de Halloween, los animales de
la casa, las flores del jardín, la mejor amiga
de la familia, la que siempre está ahí
en lo mejores y peores momentos, el bautizo del primogénito,
los primeros pasos, el primer baile......
Sorprende este libro porque nos descubre
una Audrey bastante alejada del mito, descubrimos sus
debilidades, sus complejos, sus miedos... zonas de nuestra
personalidad exclusivas de la intimidad familiar y que
de algún modo, acercan a nosotros a estos “astros”
de la gran pantalla.
Una mujer extraordinaria y no solo
un mito del siglo XX.
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