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Este es un libro que honra a los perdedores,
a aquellos que apostaron por un ideal, por una forma
de vida, por una manera de ver el mundo y acabaron sus
días sin conseguirlo. Porque como nos advierte
el autor desde el principio, fracasar es un verbo transitivo,
que necesita de acción y que está reñido
con la cobardía, aunque de todo hay...
Pese a que Luis Antonio de Villena
hace un amago de tipología nada sistemática,
por supuesto, me quedo con esa metáfora que ilustra
la portada y que desarrolla ese mito de fracasar: la
imagen de Ícaro cayendo, como paradigma de todos
aquellos que prefieren vivir en la ingravidez del salto
al vacío, frente a la seguridad de pisar sobre
firme. Su vida esta abocada al fracaso, su actitud refuerza
la caída, una actitud persistente en el regodeo
de lo que a vistas de los demás son actitudes
al margen que sólo conducen a la marginalidad
vital, el significante más claro por el que Villena
apuesta para ilustrar ese fracaso.
El libro retrata a un puñado
de poetas españoles del s. XIX que viven a caballo
entre la bohemia y la picaresca, ya que este oficio
de letraheridos era y probablemente es, un buen camino
hacia el fracaso. Quizás el más recto
dentro de la senda fue Alejandro Sawa, poeta, literato
prolífico y valioso, en el que se inspiró
Valle Inclán para su Max Estella de Luces de
Bohemia. El resto, poetas y escritores arruinados, marginados
por su pensamiento, por su ejercicio de la libertad
y en la mayoría de los casos por sus tendencias
homosexuales, que tanto abundan en este libro, no sé
si por casualidad, por concomitancia con el fracaso
hasta hace muy poco o por una selección interesada
del autor.
Después de narrar la turbulenta
vida de un buen puñado de poetas desde el fracasado
total, hasta el que fracasa disfrazado de éxito,
Villena nos muestra otros personajes contemporáneos
del mundo del cine, la literatura o la moda. Conocemos
así el lujoso fracaso a ritmo de orquestas de
jazz y swing en las noches inagotables de Scott Fitzgerald,
pasando por el malditismo de lo alternativo de Sal Mineo,
el partener de James Dean en Rebeldes in Causa, hasta
el mondo freak de Adolfo Arrieta, un personaje extravagante
que se exilio a París tras la decadencia de la
movida y que, según Villena, junto a Iván
Zulueta configuró el núcleo de un cine
alternativo y realmente diferente en nuestro país,
que obviamente también fracasó.
Hambre y dandismo, ruina económica,
miseria romántica, pero también viajes,
literatura sublime, goces carnales con putas y efebos
y la efímera gloria que otorga la fama, aparecen
en este libro como ingredientes dispersos de una laxa
receta del fracaso, que sin embargo se consume con avidez,
gracias al calado de los protagonistas que la encarnan.
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