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BROOKLYN FOLLIES
Paul Auster (Editorial Anagrama – Panorama de Narrativas)

Saboreo el reencuentro con Paul Auster, para mí uno de los mejores narradores norteamericanos contemporáneos, con estas locuras de Brooklyn, que vuelven a compendiar lo mejor de Auster: historias variadas y suculentas, anécdotas literarias, personajes seductores, tramas emotivas y bien resueltas, todo ello envuelto en esa prosa ágil, sedosa, simple en apariencia. La simplicidad es algo que planea en la nueva novela de Auster, no hay tanta metaliteratura como en otras, los personajes no responden al arquetipo de intelectual neoyorquino y las tramas, aunque vuelven a ramificarse, no se despegan demasiado del núcleo del que brotan. Pero quizás en esta aparente simplicidad resida la mejor demostración de maestría a la hora de contar historias. La sencillez de Brooklyn Follies no impide, por ejemplo, que el libro se lea de un tirón sin necesidad de recurrir al artificio de finalizar los cortos capítulos con alguna incertidumbre forzada y gratuita. Lo que nos hace seguir leyendo es que inevitablemente hemos quedado atrapados en ese grupo de personajes a la deriva, que se juntan y paulatinamente van dando sentido a sus vidas.

Por el camino y como agazapadas en esa “aparente sencillez” con la que insistentemente defino la novela, aparecen ricas anécdotas literarias de autores como Poe o Kafka, recomendaciones entre líneas de libros, referencias a la política actual en Estados Unidos y una crítica más evidente hacia el sectarismo religioso que anida en la primera potencia mundial. Pero lo importante es la historia de Nathan, ese jubilado cerca de los sesenta años que va a morir donde nació, a Brooklyn y en ese último peregrinaje, y para su sorpresa, no encuentra más que razones para seguir viviendo. Supongo que hay algo de heterónimo en Nathan, sobre todo por esa mirada lúcida, libre de prejuicios y respetuosa con respecto a los personajes con que se va encontrando. Aunque Nathan sólo sea un agente de seguros jubilado, sabe mirar a la gente con una inteligencia entre intuitiva y versada por los años vividos. Como el propio Nathan exclama casi al final del libro, tiene algo de ese Quijote que tanto admira Auster, sólo que su juicio parece intacto.

Auster adopta una filosofía basada en el sentido común para definir ese ideal de cualquier hombre que tradicionalmente se presenta con tópicos como paz, salud, amistad, amor, dinero... y que aquí adopta la forma de “Hotel Existencia”, un espacio donde esos deseos adquieren una consistencia simple, aunque plena.

Brooklyn Follies son más de trescientas páginas repletas de vida, de conflictos universales narrados con un pulso encomiable y con una tímida y lúcida apuesta por la esperanza en el ser humano. Puro Auster en constante estado de gracia.