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Adalid de la nueva literatura joven
española, Loriga publicó esta su tercera
novela ya con el peso sobre sus espaldas de una campaña
publicitaria poco afortunada en la que se le presentaba
como el chico de pelo largo y chupa de cuero, litrona
en mano, en las portadas de los libros. Pero esa imagen
absurda e incoherente, fruto de las ganas de vender
a un público joven, no se corresponden con la
calidad de un escritor que sigue demostrando, en posteriores
obras, que su narrativa, su manera de entender la literatura,
han conformado un universo particular poderoso, muy
válido.
Llevada al cine con escaso éxito
de público (y calidad, todo hay que decirlo)
por él mismo con el título de La pistola
de mi hermano, Caídos del cielo narra la huída
de un adolescente y la chica a la que ha secuestrado
tras utilizar una de las dos balas que tenía
la pistola que ha encontrado matando a un guardia de
seguridad. Contada por su hermano menor, en quien influye
de manera evidente, la novela está cargada del
universo poético propio de Loriga, con toda la
carga lírica de la derrota y de las cosas que
no se pueden cambiar y que nos cambian.
En el libro se critica la hipocresía
de los medios de comunicación, de la sociedad
en general con su conjunto de valores un tanto cuestionables
pero, sobre todo, reina esa sensación de ingravidez
que aflora en todos los libros de Loriga. Por eso mismo
engancha de principio a fin. Por eso es una de esas
novelas que se pueden leer en una tarde. No porque sean
cortas, sino porque llegan a donde pocos libros llegan.
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