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Caperucita... es uno de esos libros
que, para encontrarlo, es necesario rebuscar entre las
estanterías de la sección “niños”
de las librerías. Un libro que parece de niños
y no lo es. Sencillo y lleno de ternura, y de crueldad
también, uno de esos libros que a los niños
divierte y a los adultos recuerda verdades grandes como
puños, verdades que la edad, con el tiempo, va
encargándose de hacernos olvidar.
Caperucita es como Alicia, o Celia,
una niña vivaz e independiente que no entiende
muy bien este mundo de grandes donde ha ido a parar,
que se lo cuestiona y cuestiona a esos mayores que no
disfrutan de esta vida tan fascinante, tan llena de
cosas extraordinarias y gigantescas y hermosas, tan
bonitas como lo es la Isla de Manhattan...
Sara Allen es la caperucita de esta
historia, una mayor de 10 años que vive con sus
padres al otro lado de Manhattan, en el piso catorce
de un bloque de viviendas en Brooklyn. Cada noche, al
irse a dormir, sueña con cruzar el río
Hudson para ir a ver a su abuela, una de esas viejitas
chifladas y maravillosas que vive en la Isla de Manhattan...
esa Isla que brilla con infinidad de luces por la noche,
donde la gente baila hasta el amanecer en locales tapizados
de espejos, viviendo aventuras misteriosas y escapándose
en coches de oro...
Martín Gaite hizo con este
libro un regalo maravilloso a todos aquellos que defendemos
que los niños son la esencia misma de la Libertad.
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