| La
úlcera cerebral, el estado de agotamiento vital,
la superación de los convencionalismos sociales
y artísticos, el asidero del alcohol y la vida
epicúrea, son aspectos que han calado en muchos
autores de la literatura universal, quizás como
un efecto secundario del dolor de la lucidez, quizás
por una saturación de vivencias contradictorias.
Henry Miller, Charles Bukowski son los más seguidos
y apreciados por crear alter egos o narraciones en primera
persona del conflicto del sin sentido de la vida, mezclado
con literatura, alcohol y experiencias “marginales”.
Ahora descubro una versión caribeña de
esta corriente medio nihilista, medio depresiva, medio
golfa. Pedro Juan Gutiérrez es un cubano que
de forma autobiográfica ha constituido un conjunto
de pequeñas novelas que denominó “Ciclo
de Centro Habana” y que comenzaban en 1998 con
“Trilogía sucia de la Habana”.
Carne de Perro cierra este ciclo y
es un conjunto de relatos en el que el escritor en permanente
crisis vaga por un pequeño pueblo de la isla
en busca de tranquilidad mental, espiritual y artística.
Con aparente sencillez nos relata pequeños pasajes
cotidianos introspectivos y otros de sus contactos con
algunos de sus congéneres. Las peculiaridades
de Cuba y sus gentes se prestan al tono ácido,
crítico, sensitivo y tendente a resaltar la contradicción
de un pueblo marcado a hierro y fuego por las situación
política y una visión del mundo propia,
quizás determinada por los condicionantes propios
de vivir en una latitud cálida y castigada. Los
convencionalismos anteriormente descritos sobre el alcohol,
el sexo, la actitud cínica y escéptica
tienen una presencia permanente en cada capítulo,
pero la novedad consiste en esa descontextualización
de lo occidental en la que se desarrollan. Pasajes agridulces
pueblan las páginas de este librito que se lee
como si nada y que deja un regusto a ironía,
humor, fracaso y algunas reflexiones de sorprendente
lucidez.
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