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DESDE EL LAGO DEL CIELO
Vikram Seth [Punto de Lectura]

Cuando en el año 1981, a la edad de 29 años, Vikram Seth decide regresar a su casa en Delhi durante las vacaciones de verano, desde la región china de Nanjing (Nankín) donde estudiaba en la universidad de literatura Poesía China Clásica, no es aun consciente de lo que dicho viaje le depararía durante practicamente el mes entero que duraría el mismo.

El trayecto Nankín-Dehli en avión apenas duraría un par de horas. Pero el problema clave con el que se topa Seth es la situación económica por la que pasa, que como estudiante que era podemos decir que no era lo que se dice “boyante”. Decide pues recorrer el camino que le separa de casa por tierra, aprovechando dicho viaje para visitar la legendaria región del noroeste del país llamada El Lago del Cielo y de ahí entrar en Tíbet y visitar Lhasa para finalmente seguir viaje por Katmandú y llegar a India y reunirse con su familia.

El viaje no será, ni mucho menos, fácil, teniendo en cuenta la situación política del país que por entonces vivía en plena dictadura comunista, y las dificultades que dicho sistema ponía a los “amigos extranjeros” para visitar las zonas más castigadas del país entre las que se contaba Tíbet. Vikram cuenta asimismo con la inminente caducidad de su pasaporte que le expira en un mes exacto, y viaja a contrarreloj desesperado por todos los contratiempos que encuentra a su paso, inundaciones, carreteras cortadas, ausencia de medios de transporte, lluvias torrenciales, bloqueos, falta de permisos para entrar en una u otra población...

El diario que surge de aquel viaje sirve de apoyo para contar todo lo que le aconteció en aquella travesía que con dinero apenas hubiese durado dos horas sin mayores contratiempos y que por falta de recursos llegó a costarle un mes entero de sus vacaciones.

Un viaje apasionante, que nos muestra un país totalmente obsoleto y deprimido pero sin perder por ello la magia de algunos de los lugares más salvajes del continente asiático.

Critica el sistema político imperante y todas las violaciones de derechos humanos que el mismo promueve, pero también se lee el inmenso agradecimiento y cariño por todas las personas que salen a su encuentro a tenderle la mano, una ayuda, tanto moral como económica. Como él mismo relata “Direcciones, consejo, comida, aliento; lo que convierte el hecho de viajar por China en algo placentero es que rara vez siente uno la ausencia de buena voluntad entre la gente o comprueba que están demasiado ocupados para ayudarle a encontrar el camino”.

Entrañable y en muchos aspectos interesante.