| Óscar Wilde es conocido por su teatro, sus poemas, cuentos y relatos y por ser un intelectual atípico para su época que dejó reflexiones profundas e ingeniosas para la posteridad, además de por el escándalo alrededor de su homosexualidad que le despojó de su familia y lo recluyó durante dos años de trabajos forzados. Sin embargo, entre sus méritos literarios no destaca su faceta de novelista, un género proclive a otorgar la excelencia literaria, y que Wilde sólo cultivó para contarnos la historia de “El Retrato de Dorian Gray”.
Mondadori, en su colección de clásicos ha editado esta perla literaria con mimo. Una edición cuidada que nos permite aproximarnos a este mito moderno. La historia es más que conocida y su argumento ha sido visto como una inquietante historia fantástica o de terror gótico. Pero la novela es mucho más: es un compendio de reflexiones interesantísimas sobre el arte y el alma humana.
Dorian Gray y su conjuro de la eterna juventud es la excusa argumental para diseccionar el alma humana con un ingenio sorprendente. Dorian es un personaje excitante por su halo de belleza, por sus pretensiones epicúreas, por sus contradicciones… Pero Lord Henry Wotton es el teórico de la vida de Dorian, el artífice de una visión propia de un esteta ilustrado y frívolo en plena época victoriana. El personaje de Lord Henry es crucial en la novela, porque en él se compendia parte del armazón teórico y estético de la misma y el que evidencia el genio y la personalidad de Wilde. El triángulo de personajes protagonistas lo completa el pintor del retrato, Basil, el artista atormentado, el que se agarra al mito de la adoración por el arte y el que propicia los pasajes de homosexualidad latente que tanto escandalizaron en la época.
Con estos mimbres Wilde compone una historia romántica, terrorífica y filosófica. El “Retrato de Dorian Gray” ejemplifica el placer de la lectura, el disfrute de una historia emocionante, evocadora e imaginativa con unos cimientos intelectuales sólidos y accesibles. Este último aspecto es el que más puede sorprender al lector y el que hace elevar esta historia fantástica a la altura de un clásico inmutable al paso del tiempo.
Las tribulaciones de Dorian Gray constituyen una fábula cercana al mito de Fausto. Wilde dijo en cierta ocasión que "en la primera novela de cada autor el personaje principal debe ser o Cristo o el Fausto", pues bien no hay duda de su opción. Por otro lado las reflexiones de Lord Wotton parecen la adaptación de un tratado filosófico epicúreo, reflejo quizás de la frivolidad de una época cuyo exponente son las costumbres de la aristocracia. Ambas partes, la mitológica y la intelectual son sumamente atractivas, pero juntas configuran un relato clásico de altura. |
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