| El
abismo del mundo es una novela larga, de unas 700 páginas,
aunque fascinante y entretenida. Trata de un viaje a
través del mundo que pronto se descubre que también
es un viaje por el tiempo. Esa es la idea que la sustenta,
aunque hay muchas otras historias, además de
tres misterios que se van desarrollando página
tras página y que tienen al lector en vilo hasta
el final.
Sin embargo, todo tiene que ver entre
sí, ningún tema se aísla de otro
y todo el libro forma una gran esfera, porque, en realidad,
su estructura no deja de ser circular. La filosofía
se une a la Historia, la cosmología a la cotidianidad,
el destino de los tres personajes y sus obsesiones y
enigmas a la misma esencia del relato. Esa es una novela,
como he dicho, circular, donde cada parte lleva codificada
otra parte de la totalidad, logrando así un extraño
efecto de intemporalidad donde todo sucede o ha sucedido
al mismo tiempo.
Todo empieza cuando los tres personajes
principales: Yosahur, Edgar y Job, salen en busca del
abismo del mundo, ese lugar geométrico donde
en la antigüedad se creía que finalizaba
la tierra. Es un viaje en busca de lo desconocido, pero
que esconde, en el fondo, la huida de lo conocido, de
lo íntimo, de aquello que nunca se puede dejar
atrás por mucho que se vaya hacia delante. Y
es que, El abismo del mundo, como Itaca, representa
esa meta ilusoria que nos revela la importancia del
camino.
Con ecos de Borges, del Márquez
de Cien años de soledad, incluso de El señor
de los anillos, esta novela de aventuras y enigmas no
deja tampoco de ser una novela lírica, de intensidad
poética. Porque en el fondo, El abismo del mundo
trata de la amistad y del amor, de la muerte incluso,
de la familia, del vacío y la libertad.
En resumen, un libro original y conmovedor,
inolvidable. |
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