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Para el escritor Salvador Elizondo, pintura y literatura
son dos disciplinas hermanas, ambas visuales. En conclusión:
la literatura es arte, debe provocar –antes que
cualquier otra cosa- impacto estético.
Con El Gran Vidrio, Mario Bellatin
(México, 1960) logra ese impacto a través
de Mi piel luminosa, La verdadera enfermedad de la Sheika
y Un personaje en apariencia moderno, los apartados
que integran esta novela, editada a principios de este
año, por el sello Anagrama.
Las imágenes de estos tres textos,
o autobiografías disfrazadas, se muestran seductoras
y con personajes nítidos: la madre que exhibe
rutinariamente los grandes genitales de su hijo, el
destazamiento paulatino de un cerdo para sobrevivir,
y el retrato del joven con lentes cuadrados que soñaba
con tener una novia alemana.
Cada fragmento del texto se encuentra
numerado, como una forma de entretejer un universo completo.
Bellatin lo utiliza como “una suerte de vanguardia
y una larga letanía que muestra múltiples
realidades de forma paralela”. La simultaneidad
se refleja tanto en La verdadera enfermedad…,
como en Un personaje… donde narra en femenino
y masculino la incansable búsqueda de un Renault
5, y las constantes cabriolas.
El título hace referencia al
cuadro La mariée mise a nu par ses célibataires,
meme, (El Gran Vidrio) de Marcel Duchamp. En él
existen relaciones con el mundo del arte, verificables
su anterior novela Lecciones para una liebre muerta
(2006), que retoma el modelo de Joseph Beuys. Dichas
relaciones mantienen una distancia del contenido (ningún
artista aparece en el libro), pero sí el modo
de construcción, lo que se encuentra en la base
de elaboración del propio texto: imágenes,
sucesos, ambigüedades, lógicas anormales.
Lo hizo con novelas como Perros héroes
(2003), donde el personaje central es un hombre parapléjico
que sólo tiene contacto con su enfermero-entrenador
y sus 30 Pastor Belga Malinois, verdaderas fieras a
las que adiestra emitiendo sonidos casi imperceptibles
para los humanos. O Shiki Nagaoka: una nariz de ficción
(2001), que se creyó era la biografía
inédita de un escritor japonés, gracias
al uso de viejas fotografías modificadas.
Mario Bellatin rechaza la estructura
formal y la retórica tradicional. Aparece de
súbito en la ficción de sus textos breves
y luego se esfuma. Invita al lector a internarse en
esa literatura pura, donde no importa lo que cuente,
sino cómo lo cuenta. En este sentido, adentrarse
en sus novelas es pararse frente a un cuadro donde quizá
nos veremos reflejados.
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