| El
idilio de Paul Auster con el cine viene de atrás.
Comenzó cuando impuso que el guión de
una película basado en un relato suyo fuera escrito
por él mismo, ante el recelo inicial que todo
autor tiene frente a las adaptaciones cinematográficas.
El resultado fue una delicia llamada “Smoke”,
la simple, emotiva y humanística historia de
unos personajes que pasaban por el estanco de la esquina.
Luego hubo una secuela que el propio Auster dirigió
por cosas del destino, “Blue In The Face”.
El gusanillo debió de picar de tal manera a Auster
que se lanzó a dirigir su primera película,
digamos que de manera premeditada, “Lulu On The
Brigde”.
Cine y literatura han sido por tanto
dos expresiones que ha abordado Auster, desde la posición
privilegiada de ser uno de los mejores contadores de
historias de la literatura norteamericana. Por tanto,
aunque excepcional, no deja de ser lógico que
el escritor neoyorquino presente esta vuelta de tuerca,
una novela que no sólo habla de cine, sino que
además cuenta historias y películas.
El Libro De Las Ilusiones, evita el
tópico de “la magia del cine”, es
un redondo reconocimiento a una expresión artística
que transmite historias, provoca sentimientos y que
no es ajeno al dolor de sus creadores. El epicentro
es la vida de Hector Mann, un actor de cine mudo desaparecido
misteriosamente que de repente, una noche, con sus viejas
películas hace reír a un profesor universitario
al borde del abismo. A partir de ahí, y como
única vía de escape a la abulia que le
asola, David Zimmer se dedica a aclarar las sombras
que pesan sobre la vida y el cine de Hector, adentrándose
en una investigación apasionante llena de recovecos,
giros inesperados y oscuros secretos.
La fluidez con la que escribe Auster,
nos va metiendo en esta trama laberíntica, que
va captando nuestro interés de forma creciente,
pero sin caer en el fácil recurso de dejar en
el aire misteriosos acontecimientos de posterior resolución,
como tampoco abusa del erotismo que pudiera provocar
unos personajes que siempre están al límite.
Auster es honesto con el lector, pero sobre todo con
la historia que cuenta y los personajes que la protagonizan.
Y sobre lo que afirmaba al principio
sobre la habilidad y el gusto por contar buenas historias
de Auster, tiene una curiosa expresión en este
Libro de las Ilusiones, que habla de cine y literatura,
pero que sin embargo la narración más
interesante, en apariencia, no es ni escrita, ni filmada,
simplemente contada por un hombre fascinado en su desesperación
por unas vidas ajenas que acaban por influir en la suya
propia. Quizás una alegoría de que lo
importante es contar una buena historia, independientemente
del soporte utilizado, filosofía que sin duda
procesa desde hace años Paul Auster.
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