| El
inicio y final marcan el hilo conductor de este libro
que narra bajo la visión infantil de su protagonista,
Bruno, como transcurre la vida en el tiempo de la Alemania
nazi. Despojado de referencias políticas la historia
se centra en las circunstancias del cambio del protagonista
y su familia desde Berlín a Auchviz.
La lectura es rápida, intrigante
y sumamente descriptiva sobre la pérdida de la
libertad a los dos lados de la alambrada de un campo
de concentración, siempre con la mirada ingenua
de un niño que no imagina las circunstancias
ni el trato que sufren los judíos.
Bruno con tan sólo seis años
sólo vive para explorar, conocer y hacer amigos.
El niño con el pijama de rayas forma parte de
los cientos de personas que murieron en este campo,
muchos de ellos polacos. Sin embargo, la inocencia del
protagonista no le hace reflexionar sobre el uniforme
sino que ve más allá y sólo busca
el encuentro de un amigo tras la alambrada, Shmael.
Este hecho marca cada capítulo
de la narración y muestra poco a poco el desconocimiento
de Bruno sobre la vida en el campo de concentración.
Sólo ve sus propios problemas y en dos ocasiones
contadas llega a reconocer la crueldad de los nazis
hacia otros seres humanos.
Es precisamente esta ingenuidad la
que lleva a su protagonista a seguir creyendo en la
amistad de Shmael, pese a lo que sucede en su casa.
El niño con el pijama de rayas conmueve pero
sobre todo hace recordar que la libertad no es una posesión
que se puede quitar sin consecuencias.
En la oscuridad de una cámara
de gas donde muchas personas murieron también
muere una parte de nosotros y recuerda hasta donde puede
llegar la crueldad por imponer ideas a los demás.
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