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este sugerente título, el joven Andrés
Neuman nos lleva a Wanderburgo de la mano de un viajero
que llega de ningún lugar en un carruaje tirado
por caballos en una gélida noche de invierno.
Todo en esa noche se refugia bajo un misterioso silencio
y soledad.
En la oscura soledad de la noche,
Hans y su equipaje espera ante la puerta de una posada
ser acogido durante esa y algunas otras noches, pocas,
suficientes para conocer el lugar en el que se encontraba.
En sus primeros paseos, Hans nos presenta
las calles de Wanderburgo en total desorden nocturno,
como si alguien modificara sus cuadrículas, sus
caminos diurnos. En la plaza del Mercado Hans oirá
una misteriosa música proveniente de un organillo
arrastrado por un viejo sin nombre acompañado
por su perro Franz. Siguiendo al organillero trabará
amistad con este, presentándole su acogedora
casa, allí lejos, a las afueras del pueblo, situada
en un insólito lugar, en la que se reunirán
una y otra vez más para intercambiar historias
de sus interesantes vidas.
La entrada de un joven viajero en
la ciudad desde ningún lugar llegará a
oídos del alcalde, quién le hará
una visita, en la posada en la que se hospeda, para
advertirle que modere su vestimenta para no molestar
a nadie en ese lugar y continuar con sus vivencias allí.
Antes de despedirse de Hans, el alcaide le invita a
una fiesta a la que acudirán todas las personalidades
del lugar, momento que aprovechará para conocer
a las gentes de Wanderburgo. Allí conocerá
al señor Gottlieb, con quien trabará amistad
a falta de otro interlocutor más interesante.
Este será el comienzo para
una visita a la casa de los Gottlieb, donde Hans conocerá
a su hija, Sophie, y que dará paso a unas correrías
para coincidir en la calle con ella y su padre. Tras
su presentación será invitado a unas tertulias
que se suceden en la casa del señor Gottielb
todos los viernes y en las que se debate sobre cultura,
y en la que Sophie como anfitriona insta a sus más
variados amigos de la ciudad a asistir. Una ciudad que
pese a no tener casa de telégrafos utiliza otros
medios para comunicase con el exterior.
Estas tertulias en casa del señor
Gottlieb son el instrumento que Andrés Neuman
utiliza para hacer un repaso de todo lo sucedido en
cultura, filosofía, política… y
que tiene como centro la Alemania del siglo XIX.
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