|
La autora nos abre las puertas a un mundo de personajes
solitarios, olvidados y casi marginados en una sociedad
que se caracteriza por la falta de comunicación
entre las personas.
Estamos en el París de los años
90 del siglo XX, pero cuenta una historia universal,
la de las relaciones humanas, en un entorno reducido,
en el que tres personas, por diversos avatares de la
vida, se encuentran viviendo juntas. De la incomunicación
y la soledad pasamos a una historia repleta de vida,
de alegrías, de tristezas, en definitiva de realidad.
La escritora despliega ante el lector
un maravilloso cuento lleno de ternura, de amor y amistad.
No se deja caer en ningún momento en escenas
melodramáticas o exageradas, pues por más
que la vida sea dura, siempre se puede salir adelante.
Este optimismo se aprecia a lo largo de la novela, y
es tan cercano al lector que éste no podrá
reprimir las sonrisas en su lectura.
Una característica apreciable
a primera vista es la ausencia de descripciones y la
presencia de diálogos rápidos y vivos
entre los protagonistas, mediante los que se dan a conocer
a sí mismos, a los otros y al lector, ajenos
a la mirada de éste.
Se trata, en resumen, de una historia preciosa, un claroscuro
de la vida, que nos dejará con un buen sabor
de boca.
La autora, Anna Gavalda, ha cosechado
un gran éxito en su país de origen, Francia,
en una carrera iniciada en 1999, con Quisiera que alguien
me esperara en algún lugar, seguida de La amaba
(2002) y Juntos, nada más (2004).
|
 |