Principal / Libros/ Koba el Temible
KOBA EL TEMIBLE (LA RISA Y LOS VEINTE MILLONES)
Martin Amis - Anagrama (Panorama de Narrativas)

Este es un ensayo plagado de notas autobiográficas del novelista Martin Amis, que a su vez puede considerarse en gran medida una biografía crítica de Stalin y por extensión de la revolución bolchevique. Bajo la premisa de intentar reparar ese “punto débil del pensamiento del siglo XX: la tolerancia de los intelectuales occidentales ante el comunismo”, el libro desglosa las tropelías de este siniestro personaje al que la historia parece haber colocado varios peldaños por debajo de su coetáneo Adolf Hitler en el ominoso podio de la crueldad y la destrucción, a pesar de los datos que muestra el libro de Amis sobre su potencial destructivo y su instinto asesino, que poco tenía que envidiar a los del Führer.

Koba no es un libro imparcial, y probablemente no ha pretendido serlo. Amis no oculta sus tendencias ideológicas, ni las de su familia, sobre todo las de su padre que durante años abrazó el comunismo para luego combatirlo intelectualmente. El posicionamiento y sinceridad del autor puede que le desvíe de la sacrosanta y mística objetividad, pero nadie le puede acusar de intentar engañar al lector. No obstante, el libro en lo esencial no está exento de rigor histórico, pese a que en ocasiones la dramatización y socarronería de Amis parezcan distorsionar la veracidad de los hechos.

El libro se divide en tres partes. En la primera parte, con el clarificador título de “El hundimiento del valor de la vida humana” Amis glosa con todo detalle, a modo de sangriento prólogo, el descomunal sufrimiento del pueblo ruso sometido a los delirios y al desprecio por la vida (una muerte es una tragedia, un millón de muertos es una estadística) que acompañó a la revolución bolchevique desde su advenimiento hasta su periodo álgido con el mandato de este Koba el Temible. Sin querer cuestionar la necesidad de este prólogo y sin ánimo de frivolizar en absoluto con el dolor real o relativizar el nivel de abyección humana que muestran esas páginas, el prólogo se hace largo por reiterativo con esas secuencias de muertes, vejaciones, deportaciones y miserias. La singularidad, y en gran medida el valor del libro reside en la biografía de Stalin, ese “cursillo sobre Iósif el Terrible”, una contundente visión sobre esta figura capital del comunismo ruso.

Stalin aparece reflejado como un ser siniestro desde su juventud. Es un chaval maltratado, rebelde y violento. Su osadía es proporcional a su inteligencia innata, que no cultivada, cualidades que le sirven para colocarse en la primera línea de los acontecimientos de la convulsa sociedad rusa de principios de siglo. Su ansia de poder es manifiesta desde el consabido enfrentamiento con Trosky y la “usurpación” del poder tras la muerte de Lenin. Pero fuera de los episodios históricos conocidos y que podemos encontrar en cualquier libro de historia, el retrato que hace Amis de Stalin destaca por profundizar en la parte más psicológica del personaje y también en su atroz instinto exterminador del que no se libraron ni sus más estrechos colaboradores, amigos y familiares. Según avanzan las páginas uno se sorprende con la megalomanía exponencial de un personaje que supuestamente luchaba contra el individualismo y a favor de la socialización y la colectivización. Hay muchas más paradojas e ironías en el libro, y algunas imágenes hábilmente traídas como la del campesinado devorando más de la mitad de la cabaña rusa en la víspera de la orden de colectivización, una imagen que sirve para argumentar la poca adhesión al nuevo régimen impuesto.

Pero sin duda lo que más impacta del libro es el relato de violencia, el sanguinario transcurrir de los días, los meses, los años, bajo el mandato de un personaje cuya primera y casi única arma política era el terror: los gulags, las purgas, las condenas a muerte en juicios sin garantías, la institucionalización de la delación, actos que afectaron primero a los desafectos al régimen, pero que en seguida se extendieron a todos, incluso a los más cercanos a Stalin, en una diabólica espiral cuya coartada fue siempre el pueblo al que se castigaba: “Por entonces se había detenido ya al 5 por ciento de los ciudadanos soviéticos por ser enemigos del pueblo de una categoría u otra. Se ha dicho a menudo que no hubo una sola familia que saliera ilesa del Terror. De ser así, los miembros restantes de estas familias estaban igualmente sentenciados: por ser parientes de enemigos del pueblo. Es lícito decir entonces que, en 1939, todo el pueblo era enemigo del pueblo.”