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LA BALADA DEL ABUELO PALANCAS
Félix Grande (Galaxia Gutenberg-Circulo de lectores)

Félix Grande ha escrito un libro de memorias en sentido estricto. En él aflora la memoria privada, los recuerdos familiares de sus antepasados más cercanos, partiendo de ese prodigio de sentido común, fuerza y ternura que es el Abuelo Palancas, hasta su propia vida. Pero en esta balada hay algo más. Hay un retrato de la sociedad española de principios de siglo, donde la mayoría de la población vivía en un entorno rural y en un contexto marcado por la asfixia económica de una economía casi exclusivamente agrícola y ganadera. También retrata una sociedad zarandeada los vaivenes políticos de ese siglo convulso y canalla y a unos habitantes afectados por un abrumador analfabetismo. En ese sentido la historia del Abuelo Palancas es universal y común a la de muchos de nuestros patrios antepasados, aunque algunos intenten ahora renegar veladamente de nuestro pasado rural, paupérrimo e iletrado. Las historias que encierran este libro me han retrotraído inevitablemente a las que me contaba mi abuela en mi niñez, historias que yo escuchaba con la fascinación de un crío al que se le desvelan los grandes secretos de la humanidad a través de personajes lejanos, con costumbres y cauces de expresión tan diferentes a la de los primeros niños de la democracia española, pero que sin embargo no carecían de cierto lirismo rústico, un lirismo que Félix Grande consigue aprehender durante todo el relato. El lenguaje de los tomelloseros de la primera mitad del siglo está reflejado con todas sus impurezas, con su acento pretérito, con sus jergas rurales y sus giros propios, pero sin escapara a ese tonillo épico o a esos razonamientos simples en apariencia y expresados con cierto engolamiento propio del sabio popular, que nos recuerda en muchas ocasiones a las disertaciones y máximas del buen Sancho Panza.

Pero en la balada hay más notas. Está la conciencia social y política, la descripción del enrarecido ambiente prebélico, la vivencia de la confrontación civil, la amargura de la postguerra, azuzada por el revanchismo del vencedor. Todo visto a través de las vivencias de esta sencilla familia a lo largo de tres generaciones, narrado con emotividad y píldoras de humor y amargura a la limón. Es inevitable reír con las anécdotas que nos cuenta Grande, con esas cosas de los pueblos que compendian picardías que ahora se nos antojan de una inocencia propias de una época en que la inquina humana estaba matizada por candidez de un mundo en gestación. También hay lugar para la emoción por la afloración de un amor filial expresado con tosquedad, pero de manera limpia y sincera. Y por su puesto hay momentos en los que la injusticia social nos revuelven las entrañas. Una coctelera de sentimientos que Félix Grande agita a golpe de recuerdos y que es capaz de transmitir gracias a esa adopción, supongo que espontánea, de un punto de vista de cronista sensible y nostálgico.

He leído algunos artículos del autor, que además es poeta y un gran flamencólogo, pero no se me ocurre mejor compendio de ideas, lírica y música que esta Balada del Abuelo Palancas, un libro que me atrevo de calificar de imprescindible, por lo menos en mi pequeño bagaje literario y también vital.