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El autor nos enseña una apasionante
historia de espías que se desarrolla entre el
desierto y El Cairo en 1492, en plena II Guerra Mundial.
Ingleses, alemanes y egipcios se verán envueltos
en una historia política bajo la demencia de
un pueblo.
Alex Wolff tras atravesar el desierto
bajo un sin fin de problemas se dirige hacia El Cairo,
pero antes de poder tomar su tren que le llevará
a un lugar seguro será la clave sospechosa para
un grupo del ejercito británico a mando del capitán
Newman.
Tras intentar burlar al capitán
Newman y al cabo Cox, las esperanzas para Alex Wolff
de pasar inadvertido se vienen abajo cuando el capitán
deja al cabo Cox para ayudar a Wolff en todo lo que
necesite. Los planes de Alex Wolff, una vez más,
se trastocarán cuando Cox intenta deshacer las
maletas de Wolff en un hotel y la encuentra llena de
dinero. Wolff tendrá que matar al cabo, muy a
su pesar, con lo que dejará una pista sobre su
identidad y paradero.
La misión de Wolff le llevará ante el
comandante Vandam, el que, por una intuición,
acabará sumando esta nueva muerte a otra pasada
y relacionada con unas ordenes del comandante, y con
las que se vio envuelto en un escándalo militar
que manchó su hoja de servicio.
Su lucha llegará a convertirse
en una obsesión, que con el tiempo, llegará
a ser incluso personal, hasta el punto de verse enfrentados
por el interés de una mujer. En el conflicto
general bélico se disputarán la posesión
de El Cairo sus respectivos ejércitos, con el
ya anunciado final.
A pesar de su extensión narrativa,
Ken Follet nos da una fácil y apetecible novela
en la que el espionaje, lenguaje militar y datos históricos
nos adentran en la historia de otro modo no conocido.
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