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Si algo he aprendido a lo largo de
mi vida es a diferenciar al autor de su obra. Es decir,
que un tipo me puede caer realmente mal, repatearme
los higadillos como Mario Vargas Llosa, pero no por
eso voy a restarle mérito a su obra literaria.
La fiesta del chivo es, en mi opinión, y junto
a La ciudad y los perros, de lo mejor que ha escrito
este hombre.
Narrado en varias voces, el libro describe
el retorno de Urania, la protagonista, a Santo Domingo,
tras años de exilio en los Estados Unidos, escapando
de la dictadura de Trujillo, el Chivo. Junto a este
eje principal la novela recorre los pasillos del poder
de una dictadura brutal a la que puso nombre un hombre
brutal, así como el complot que acabó
finalmente con su vida. Narrada con la habilidad del
maestro La fiesta del Chivo es todo esto y algo más.
Un alegato contra la tiranía y el horror, un
lienzo donde se expresan las debilidades y las grandezas
humanas, un retrato íntimo de lo que ha sido
la política latinoamericana en el siglo recién
terminado, siempre a la sombra del gran vecino del norte.
Así que, aunque las opiniones
políticas ultraliberales del señor Vargas
Llosa me parezcan algo más que cuestionables
y, personalmente, él no me resulte simpático,
no reconocer en La fiesta del Chivo una gran novela
sería pueril. No hay que dejar de leerlo. Es,
sencillamente, estupendo.
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