| En
un periodo muy corto de tiempo me encuentro otra vez
opinando sobre un nuevo libro de Auster. Eso significa
dos cosas. Una, el autor neoyorkyno es un tipo prolífico
o se encuentra en plena época de inspiración;
y la otra, que yo no puedo resistir la tentación
de devorar un nuevo mosaico de historias de este, uno
de los mejores escritores contemporáneos que
hay en Estados Unidos.
Y de nuevo Auster me vuelve a sorprender,
esta vez con una historia ambientada en su Nueva York,
que es un poco como cualquier capital europea, pero
con el encanto del sueño americano en su versión
más cultural. Si en El Libro de Las Ilusiones
Auster encontró su McGuffin en el cine, el leiv
motive de esta La Noche Del Oráculo, es la literatura:
una misteriosa novela que da título al relato,
la historia aparentemente anecdótica de un personaje
marginal de El Halcón Maltes de Dashiell Hammett,
y la vida de un escritor que encuentra inspiración
para hilar todos estos flecos en un relato único,
gracias a un misterioso cuaderno azul.
Hay una parte de la novela que me parece
sumamente emocionante, en cuanto Sid, el protagonista,
es capaz de narrarnos el proceso de la creación
literaria al mismo tiempo que esta absorto, inspirando
y especialmente fecundo con lo que pudiera ser su nuevo
libro. Literatura dentro de la literatura, contada con
la emoción y el sufrimiento que debe suponer
vaciar la imaginación en las blancas hojas de
un cuaderno, no exenta de un cierto halo místico
y sobrenatural, que si se quiere, en pequeñas
dosis, es una visión respetable del proceso literario.
Pero lo que mas me fascina de Auster es la capacidad
de conjugar relatos aparentemente dispares, sin que
el lector pierda interés por ninguno de ellos
e incluso, sin esperar que al final tengan relación,
aunque luego el autor nos premie con un final clarificador
y algo desasosegante.
La fluidez con que se siguen las palabras,
las líneas, las historias en este libro, no se
confunde con la aparente simpleza de su elaboración.
La sencillez es fruto de la sabiduría narrativa
de este tipo que se puede considerar un literato con
mayúsculas. Termino esperando que mi suposición
inicial sobre el momento especialmente prolífico
de Auster sea cierto y pronto pueda disfrutar de otra
de sus novelas. Mi interés como lector es, de
momento, inquebrantable.
|
 |