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Es muy complicado innovar en la novel negra. Quizás
ocurra como en el rock and roll, todo está inventado
pero no por eso dejan de salir grupos sublimes que hacen
personalísimas y magníficas composiciones.
Sólo algunos llegan y muy pocos destacan. Después
de leer la Verdad del Caimán y volviendo a la
querida novela negra, no cabe duda de que estamos ante
uno de los que destacan, uno de los grandes. Massimo
Carlotto ha creado un detective sólido, unas
tramas ágiles y vertiginosas y un estilo seco
y preciso, dentro de un contexto geográfico y
social tan sugerente como es Italia en los últimos
años del siglo XX.
Para empezar Carlotto es en si un personaje
de novela negra y de hecho tiene muchas cosas en común
con su detective, Marco Buratti, el Caimán. Carlotto
sufrió prisión y años de fuga por
un delito que no cometió. El Caimán también.
Por eso y porque nunca largó en la cárcel,
es respetado por todos, los del uno y otro lado de la
raya que traza la ley. Con ese bagaje inicia su carrera
como detective ayudado por su fiel amigo, aunque rudo
y cruel hampón, Beniamino Rossini.
En La Verdad del Caimán, la
primera de las cinco novelas que protagoniza el detective,
Carlotto nos hace una brevísima presentación
del personaje, pero con una precisión de neurocirujano.
El Caimán es un tipo solitario, taciturno, que
rumia su dolor a los acordes del blues, acompañado
por una botella de calvados. Un tipo respetado, con
contactos y con un personal y elevado sentido de la
justicia que le hace incluso involucrarse más
allá de lo que marca su tarifa si, como es en
este caso, detecta una injusticia fragrante para con
un tipo débil, como lo fue él cuando sufrió
la cárcel sin merecerla.
El caso que se le presenta es el de
buscar a un presunto culpable de haber asesinado por
segunda vez. Pronto descubrirá que el infeliz
es un chivo expiatorio de gente poderosa que no piensa
pagar por sus delitos. El Caimán se revuelve
ante la injusticia, recuerda sus años de trullo
y considera una felonía que alguien pague tanto
por algo que no ha hecho, por mucho que la justicia
siempre se incline del lado de los poderosos. Para descubrir
toda la trama cuenta con la ayuda de Beniamino que es
un personaje que perfectamente podía haber emigrado
a Estados Unidos y haber formado parte del clan Soprano.
Como en la serie de David Chase, este personaje inspira
a la vez miedo y ternura, y sin duda es un atípico
pero efectivo ayudante que aporta grandes momentos a
la novela.
La historia discurre como una bala:
a una velocidad vertiginosa y sin rodeos hacia el objetivo.
No hay tiempo para descripciones superfluas, ni para
explicar estados de ánimo, pero sin embargo todo
está ahí, nada se escapa, todo queda atrapado
en la prosa sincera y expresiva de Carlotto. La acción
es continua, la intriga está bien dosificada
y los personajes son siempre atractivos y no sólo
los protagonistas, sino también el desfile de
mafiosos, burgueses corruptos y sobre todo los peculiares
contactos del Caimán, ex presidiarios especializados
en su ramo delictivo que son de vital ayuda para nuestro
detective y su ayudante.
He leído en un suspiro La verdad
del Caimán y ya miro con avidez El misterio de
Mangiabarche, también editado por Barataria,
que hasta la fecha son las dos únicas novelas
publicadas protagonizadas por el Caimán en nuestro
país. Espero que no tarden en completar la colección,
porque seguro que seremos muchos los que estaremos esperando
la visita del Caimán, escuchando un lánguido
blues, para degustar sus nuevos casos.
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